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Descubren una extraña ave calva en Laos 0
30.7.09
Una extraña ave, con la cara y parte de la cabeza calvas ha sido hallada por científicos australianos en una remota región de Laos. El pájaro, bautizado bulbul de cara descubierta, se describe en el último número de la revista 'Forktail'.Según los ornitólogos de la Sociedad para la Conservación de la Naturaleza y de la Universidad de Melbourne, se trata de la primera nueva especie de ruiseñor tropical hallada en Asia en más de 100 años y del único ejemplar calvo de Asia continental.
En 2002 en la misma zona, una nueva especie de roedor, conocido como Kha-nyou fue descubierta. El Kha-nyou resultó ser el único superviviente de su familia. Tres años antes se había divisado un conejo rayado también desconocido para la ciencia.
"Siempre es emocionante descubrir una nueva especie, pero esta es especialmente única porque es el único pájaro cantor calvo de Asia", afirma Colin Poole, de la sociedad de conservación de la naturaleza. En su opinión, el descubrimiento "pone de relieve cuánto podemos aprender aún de los lugares salvajes del mundo".
El pájaro descrito en 'Forktail' es del tamaño de un zorzal común, de color verde oliva, con pecho claro y una cara sin plumas de tono rosa con piel azulada alrededor de los ojos que se extiende hasta el pico y una fina línea de plumas en el centro de la cabeza. Parece ser principalmente arbórea y fue hallada en una zona de rocas calizas, poco boscosa.
Según Iain Woxvold, de la Universidad de Melbourne, su presencia en un hábitat tan inhóspito puede explicar por qué ha pasado desapercibido durante tanto tiempo. Aunque la mayor parte de su hábitat forma parte de zonas protegidas en Laos, las canteras de piedra caliza y la agricultura constituyen una potencial amenaza para la fauna de la zona, señala la revista 'Forktail'.
EFE
Los investigadores estaban estudiando las relaciones taxonómicas y filogenéticas de los plecópteros de este género distribuidos por el Mediterráneo occidental (norte de África, Península Ibérica, Islas Baleares, Córcega y Cerdeña) cuando descubrieron la nueva especie.
"La población de Tyrrhenoleuctra de las islas Baleares constituye un taxón claramente diferenciado y que requiere el reconocimiento de su estatus como especie independiente", explicó a SINC José Manuel Tierno de Figueroa, coautor del estudio e investigador de la Universidad de Granada.
Tyrrhenoleuctra antoninoi se caracteriza por su coloración oscura y su pequeño tamaño (no más de medio centímetro de longitud total). Las hembras son ligeramente mayores que los machos y las alas están muy desarrolladas en ambos sexos. Esta última característica le distingue de otras especies en las que existe una acusada diferencia sexual en cuanto al tamaño del ala.
Además, para demostrar que se trata de una especie diferente el equipo de científicos, compuesto por el investigador español y Romolo Fochetti de la Universidad de Estudios de la Tuscia (Italia), realizó su descripción científica en base a sus caracteres bioquímicos y moleculares (mediante secuenciación de fragmentos de ADN mitocondrial).
T. antoninoi ocupa medios de agua dulce temporales, a veces hasta el nivel del mar, "lo que es inusual para este grupo de insectos, que en general viven en aguas muy oxigenadas de media o alta montaña", aclara el investigador de Granada.
Entre los resultados, Tierno de Figueroa y Fochetti han destacado la diferenciación genética del insecto, que tiene "un mayor parentesco con el contingente Ibero-magrebí que con el sardo-corso".
Los científicos destacan también que la tasa de evolución molecular presentada por Tyrrhenoleuctra es "considerablemente más lenta" que la de otros insectos con similar distribución geográfica.
La nueva especie de plecópteros adopta el nombre de T. antoninoi en homenaje al investigador Antonino Sánchez-Ortega, fallecido en 2002, y que dedicó gran parte de su vida a estudiar estos insectos en la Península Ibérica.
elmundo.es / SINC
Investigadores han descubierto una nueva subespecie de simio en un remoto lugar de la selva amazónica, según anunció el martes la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS, por sus siglas en inglés).El mono descubierto fue avistado por primera vez por los científicos en el 2007 en el estado brasileño de Amazonas y está emparentado con los monos tamarín, conocidos por sus vistosas espaldas marcadas, dijo el grupo de conservación de la vida silvestre con sede en Estados Unidos.
El pequeño simio, que es en su mayor parte gris y marrón y pesa 213 gramos, ha sido llamado tamarín Mura, por la tribu indígena Mura de la cuenca de los ríos Purus y Madeira, donde fue encontrada la nueva subespecie. Los ejemplares del pequeño mono miden unos 24 centímetros de alto y tienen una cola de 32 centímetros.
"Este nuevo mono descrito, muestra que incluso hoy hay importantes descubrimientos de vida silvestre por realizarse", dijo en una declaración de la WCS Fabio Rohe, principal autor de un estudio que confirma el nuevo descubrimiento.
El estudio halló que el simio es amenazado por proyectos de desarrollo en la región, incluyendo una gran carretera que atraviesa la selva que está en proceso de pavimentación y que podría provocar deforestación. "Este descubrimiento debe servir como una llamada de alerta de que aún hay mucho por aprender de los lugares silvestres del mundo, aunque todavía los humanos siguen amenazando a esas áreas con destrucción", sostuvo Rohe.
Reuters
Uno de los factores que contribuye a aislar a los científicos del público general es el desconocimiento que la gente tiene de nuestra forma de trabajar. El código que guía nuestros pasos es el llamado método científico. Ante todo, empezamos con una hipótesis, que no es una idea descabellada generada en el vacío de una noche sin dormir, sino una reflexión largamente meditada de los resultados publicados hasta la fecha sobre un tema en concreto. Después diseñamos una serie de experimentos muy completos para demostrar si nuestra hipótesis es cierta o no.Los resultados nos llevarán a la confirmación o (más a menudo) a la modificación de la idea inicial y a nuevos experimentos complementarios para validarla. Cuando creemos que tenemos una respuesta coherente a nuestra pregunta, escribimos un artículo y lo enviamos a una revista científica para que el descubrimiento llegue a toda la comunidad. Esta primera parte puede durar de meses a años.
Para hacer público un resultado hay que superar el control de calidad de un editor y de un panel idealmente anónimo y objetivo de expertos en el tema, que valorarán si las conclusiones que sacamos a partir de nuestros datos son correctas. A menudo nos piden también pruebas complementarias para cubrir todos los posibles agujeros en nuestros razonamientos. Este proceso, que los anglosajones llaman peer review, es esencial para la credibilidad de cualquier estudio.
Recientemente se descubrió que ciertas compañías farmacéuticas habían montado revistas que aparentemente seguían las normas pero que en realidad imprimían lo que interesaba a los que las financiaban. Incluso las revistas más prestigiosas, como 'Nature', 'Cell' o 'Science', que normalmente publican los estudios importantes, han ensuciado sus páginas con resultados falsos. Así pues, nunca hay que tomarse todo lo que se imprime como si fuera sagrado. Los errores y la picaresca son raros pero hasta cierto punto inevitables.
Si todo va bien, nuestro artículo acabará viendo la luz. Así es como la noticia, tamizada por numerosos jefes de prensa y periodistas más o menos hábiles, llegará también al lector medio, que a menudo se llevará la impresión que nuestra hipótesis es una ley tan firme como la de la gravedad. Sin embargo, estamos sólo al principio. En los siguientes meses, grupos de investigadores de todo el mundo intentarán primero reproducir los resultados para confirmarlos independientemente (otro control de calidad básico) y después añadir su granito de arena a la historia.
De esta manera es como avanza la ciencia hoy en día: paso a paso, no a grandes saltos. Eso significa que desde que se descubre algo interesante (y lo leemos en los periódicos) hasta que se le empiezan a encontrar aplicaciones útiles puede pasar mucho tiempo. Un ejemplo: se necesitaron unos 20 años para obtener la primera generación de fármacos dirigidos para tratar el cáncer, contando a partir del primer descubrimiento clave.
Lo he dicho ya refiriéndome a las terapias con células madre o contra el envejecimiento pero vale la pena insistir: para poder beneficiarse de los avances de la biomedicina hay que tener paciencia. El método científico es lento y costoso, pero es la mejor manera de asegurarnos que avanzamos en la dirección adecuada.
Salvador Macip es médico, científico y escritor. Se doctoró en Genética Molecular en la Universidad de Barcelona y trabaja actualmente en su propio laboratorio de la Universidad de Leicester, Reino Unido, donde es profesor de Mecanismos de Muerte Celular.
elmundo.es SALUD
Nuestros parientes más próximos, los orangutanes, gorilas y chimpancés, tienen huellas dactilares similares a las nuestras. Similares, pero lo suficientemente distintas para no confundir a ningún especialista. Sin embargo, hay un animal, muy alejado evolutivamente de nosotros, cuyas huellas son idénticas. Se trata del koala, que vive en Australia y que se separó de nosotros hace 70 millones de años.
Si sorprendente es que koalas y humanos tengan huellas digitales casi idénticas, todavía lo es más el que este hecho no se descubrió hasta 1997, cuando Maciej Hennenberg publicó un artículo sobre este tema en la revista Natural Science. Recientemente Hennenberg ha sonado mucho debido al famoso «hombre de Flores». Pero esa es otra historia.
Un animal muy próximo al koala, el wombat de nariz peluda (Lasiorhinus latifronts) no tiene huellas digitales en sus patas. Pero un animal más alejado, Phalanger maculatus, sí que las tiene.
Para qué sirven las huellas dactilares siempre ha sido un enigma. Se ha especulado que es para aumentar el rozamiento y que al coger los objetos no resbalen. Pero recientes experimentos demuestran que el rozamiento es mayor con una piel lisa que con huellas dactilares. Tal vez, y tan solo es una posibilidad, esté más relacionado con el agarre a ramas húmedas. Las huellas actúan como canales de desagüe. Lo mismo que hacen los «dibujos» de los neumáticos.
¿Qué tienen en común orangutanes, gorilas, chimpancés, koalas, Phalanger maculatus y humanos y en qué se diferencian del wombat de nariz peluda? La respuesta está en su vida arborícola -en el caso de los humanos la de nuestros antepasados-. El wombat no es arborícola.
Las huellas dactilares parecen tener su origen en la adaptación a una vida en los árboles; aunque dicha adaptación no es suficiente, como demuestra el hecho de que los canguros arborícolas (Dendrolagus linustus) no las tienen, aunque sí tienen unas verrugas que producen un efecto similar.
Cuando dos especies distintas adquieren alguna característica muy similar, por ejemplo, los delfines -mamíferos- adquieren forma de pez, se dice que ha habido una evolución convergente. Otro ejemplo son los osos hormigueros, pangolines, equidnas, etcétera, que están muy alejados evolutivamente y, sin embargo, todos han desarrollado un hocico alargado y una lengua larga y viscosa que les permite capturar hormigas y termitas.
Para mí, aunque sé la explicación, no deja de resultarme sorprendente que el animal que tiene huellas digitales más similares a las mías sea el koala.
FÉLIX ARES. diariovasco.com
Editor
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