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La Hora del Planeta 0
29.3.09
El planeta se dio ayer un respiro. Durante una hora, el mundo se oscureció en defensa de la lucha contra el cambio climático. Casi 4.000 ciudades y pueblos de 88 países se sumaron a la iniciativa de La Hora del Planeta WWF, impulsada por la organización ecologista y respaldada por la ONU, para concienciar sobre la amenaza del calentamiento global y demostrar que la acción es posible, tanto individual como globalmente.En España, las 52 capitales de provincia apagaron sus edificios más emblemáticos entre las 20.30 y las 21.30. El calado de la iniciativa no tuvo gran reflejo en la demanda energética, el consumo total se redujo cerca de un 2% respecto a la demanda prevista, pero fue mayor que el del sábado anterior a la misma hora.
La Alhambra de Granada, la Mezquita de Córdoba, la Cibeles en Madrid o la Sagrada Familia de Barcelona también se perdieron en la oscuridad durante una hora. Algunas empresas también se sumaron al apagón.
Las islas Chatman (Nueva Zelanda) fueron las primeras en apagarse ayer a las 6.45 de la mañana (hora española) y el recorrido culminó en Hawai, tras pasar por 25 husos horarios. En los restaurantes de Sidney las cenas se hacían a la luz de las velas y en China también se hizo la oscuridad gracias a que por primera vez los Gobiernos locales apoyaron la iniciativa. No en Tokio, donde algunas empresas y asociaciones lo hicieron a título individual. La Torre Eiffel de París o el Empire State Building en Nueva York o la Acrópolis de Atenas fueron algunos de los edificios más emblemáticos que se sumaron a la Hora del Planeta. El apagón ecológico quiere lanzar un mensaje a los líderes mundiales que se reunirán en diciembre de este año en Copenhague con el objetivo de firmar un nuevo tratado global sobre cambio climático.
Un equipo de científicos chinos ha dado con un pez primitivo que conserva todas sus partes salvo la aleta caudal, según publican en Nature. El magnífico ejemplar procede de un yacimiento de la provincia de Yunnan, en China, y ha resultado ser, además de casi entero, el más antiguo de todos los peces mandibulados enteros que se conservan: tiene 419 millones de años de edad, lo que lo sitúa en el Silúrico superior (época Ludlow) en la escala geológica del tiempo.'Guiyu' o "pez secreto" es el nombre con el que los investigadores han bautizado al espécimen, único ejemplar de su género y de su especie. Guiyu oneiros es su nombre completo: el pez secreto y onírico, que acaba de superar al anterior ejemplar de pez óseo completo más antiguo, Dialipina salgueiroensis, ocho millones de años más joven, y se ha convertido también en el miembro más viejo del linaje de los peces óseos superiores o propiamente dichos, si bien no es basal (primitivo).
El principal valor del hallazgo es, desde luego, la excepcional conservación del fósil para lo antiguo que es. El fósil fue hallado en la formación de Kuanti en un yacimiento rico en fauna marina silúrica en Yunnan (provincia que, por cierto, cuenta con el principal lagerstätte -yacimiento de gran calidad por su diversidad y excelente estado de conservación- de los primeros animales que poblaron los mares de la Tierra hace cerca de 600 millones de años, en el Cámbrico). La comparación con otros tres ejemplares fragmentados de peces primitivos posteriores en el tiempo ha permitido a los investigadores colocar al nuevo pez en el complejo puzzle filogenético, aún lleno de agujeros.
El fósil, con su anatomía prácticamente intacta, y gracias a la comparación con sus compañeros óseos 'Psarolepis', 'Naxilepis' y 'Ligulalepis', ha sido colocado cerca (poco después) de los inicios de una importante divergencia evolutiva: la de la separación entre actinopterigios y sarcopterigios, que a la luz de 'Guiyu' ha sido datada como aproximadamente contemporánea al pez, es decir, no más tarde de hace 419 millones de años. 'Guiyu' es un sarcopterigio basal.
Actinopterigios y sarcopterigios son las dos clases que componen a los peces óseos (los primeros surgen a partir de los segundos), que a su vez pertenecen a los peces mandibulados. Esta divergencia fue crucial en la historia evolutiva, ya que de los peces óseos ha surgido el 98% de los vertebrados vivos, incluidos los humanos. Serán los sarcopterigios los que darán lugar a los tetrápodos; "peces" evolucionados que convirtieron sus aletas en patas y saltaron a la tierra para dar paso, mucho más tarde, a todos los mamíferos.
Como sarcopterigio basal (primitivo), 'Guiyu' comparte rasgos con otros sarcopterigios y con los actinopterigios. El nuevo pez presenta, en palabras de los autores del estudio, "un mosaico" de características de los distintos peces mandibulados a los que pertenecen los óseos. Esta combinación de rasgos arroja nueva luz sobre los orígenes de los peces óseos y confirma las sospechas derivadas de fósiles fragmentados.
Una expedición científica ha descubierto alrededor de 54 nuevas especies animales en una remota región montañosa de Papúa Nueva Guinea, según ha anunciado la sociedad Conservation International a través de un comunicado difundido en Australia.Papúa Nueva Guinea es uno de los principales puntos calientes de biodiversidad del planeta, y una fuente potencial de nuevas especies, ya que su territorio está en gran medida aún sin explorar. Cada expedición científica a zonas vírgenes de Papúa supone, habitualmente, el hallazgo de nuevas especies.
La organización señaló que la misión se efectuó en 2008 y halló unas cincuenta arañas desconocidas, tres ranas, dos de ellas verdes con enormes ojos negros, y un gecko (lagarto) con los dedos torcidos.
Conservation International, con sede en Estados Unidos, afirma que son animales que, según los descubridores, no habían sido descritos con anterioridad. Si encuentran cosas tan grandes y tan espectaculares que son nuevas, es una indicación de que hay muchísimo por ahí que desconocemos.
La organización dice haber dedicado varios meses a analizar más de 600 especies que la misión encontró entre julio y agosto del año pasado. El equipo de investigadores incluía científicos de la Universidad de British Columbia (Canadá) y de la Universidad de Montclair de Nueva Jersey (EEUU), además de papuanos.
En 2006, un grupo de científicos indonesios, estadounidenses y australianos anunció haber descubierto "un mundo perdido" en Nueva Guinea que contenía varias decenas de especies desconocidas o que se creían extinguidas, de pájaros, mariposas, ranas y plantas tropicales.
Un coral que vive a gran profundidad en las costas de Hawai es el invertebrado marino más longevo del mundo, según un estudio realizado por un equipo de investigadores estadounidenses que publica la revista Proccedings of the National Academy of Sciences, que señala que las estructuras del Leiopathes sp. pueden tener hasta 4.265 años. Además, una segunda especie, el Gerardia sp., alcanzaría 2.742 años.Los científicos de la Universidad de Texas A&M en College Station, dirigidos por Brendan Roark, han medido la longevidad de los especímenes de coral obtenidos con sumergibles en la costa de Hawai, en lechos de entre 300 y 500 metros de profundidad, mediante pruebas de radiocarbono, hallando que su crecimiento es más lento de lo esperado y su edad mucho mayor.
El Gerardia sp. es un coral con un esqueleto de formación proteínica que forma estructuras similares a árboles de varios metros. Hasta ahora, las mediciones previas para colonias individuales de Gerardia sp., basadas en los anillos de crecimiento del coral ofrecían una edad de 70 años. El Leiopathes sp., por su parte, también dispone de un esqueleto de base proteínica y supera los dos metros de altura.
Las nuevas técnicas de estimación por radiocarbono han permitido revisar la edad asignada hasta ahora a estas estructuras, de forma que el Leiopathes sp. sería no sólo el organismo marino dotado con un esqueleto -los restos calcificados de los pólipos más antiguos- más longevo, sino el organismo más antiguo en formar colonias.
Según los nuevos datos, el índice de crecimiento radial es de apenas 35 micras al año. Es decir, su crecimiento es realmente mucho más lento de lo que se pensaba.
El estudio tiene importantes consecuencias ambientales, según sus autores, pues la industria de la joyería y la pesca están esquilmando las colonias de corales de aguas profundas. Éstos constituyen el hábitat de un gran número de peces e invertebrados marinos, por lo que representan algunos de los puntos más calientes de biodiversidad. Sin embargo, el lento crecimiento de estas colonias implica que también es lenta su recuperación tras ser destruidas, lo que acarrea consecuencias sobre toda la biodiversidad circundante.
A la luz de su inusual longevidad, se necesita una mejor comprensión de la ecología de los corales de aguas profundas y sus relaciones con las comunidades asociadas con el fin de mejorar las estrategias de conservación de estas especies.
Por eso, el lema del Día Meteorológico Mundial que se celebra este lunes es "El tiempo, el clima y el aire que respiramos", porque la calidad del aire que respiramos es decisiva para la salud humana pero también para cuestiones tan importantes como el clima, los cultivos, los desastres naturales o el cambio climático.
Desde hace 59 años, cada 23 de marzo la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la comunidad meteorológica global celebran este día que sirve para aumentar la colaboración internacional, atenuar los desastres naturales y prevenir las enfermedades y daños a la salud o el medio ambiente relacionados con las condiciones atmosféricas.
Durante siglos, los humanos lograron adaptarse bastante bien a las repercusiones del tiempo y el clima al adecuar la vivienda, la producción alimentaria, el suministro de energía y los medios de vida a las condiciones climáticas y medioambientales.
Sin embargo, en los últimos decenios, cuestiones como el crecimiento demográfico, la mayor demanda energética o el desarrollo industrial han generado una emisión de gases y partículas en tal cantidad que afectan a la salud humana y provocan asma, cáncer de pulmón, y enfermedades cardíacas, entre otras muchas afecciones.
Junto al daño a la salud humana, la mala calidad del aire afecta también a la economía mundial, la seguridad alimentaria, los recursos hídricos y el desarrollo sostenible (al dañar plantas, cultivos y ecosistemas).
Por todo ello, desde los años cincuenta, la OMM trabaja en la coordinación de las observaciones y análisis de la composición atmosférica para medir el grado de gases de efecto invernadero, aerosoles y ozono que contaminan el aire y afectan al clima.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), copatrocinado por la OMM, autor del Cuarto Informe de Evaluación que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2007, llegó a la conclusión de que el cambio climático es indiscutible y muy probablemente se debe al aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero provocados por el hombre.
El IPCC también previó un aumento de la frecuencia e intensidad de las inundaciones, sequías y otros fenómenos meteorológicos y climáticos extremos como consecuencia de los cambios en el clima, en particular las olas de calor que pueden tener efectos perjudiciales para la salud humana, acentuar la contaminación y propagar los incendios forestales y la deforestación.
Prevenir y luchar contra todos estos agentes agresores es la labor del OMM que, desde su creación en la década de los cincuenta, ha coordinado las observaciones y análisis de la composición atmosférica que han contribuido a comprender el cambio de la composición química del aire y constituyen la base científica de las predicciones sobre los efectos del clima y sus repercusiones.
El aspecto más polémico de la declaración oficial del agua ha sido reconocerla como Derecho Humano. España ha liderado junto a un grupo de países latinoamericanos, Suiza o Sudáfrica, entre otros, el que pueda considerarse este derecho.
El V Foro Mundial de Estambul ha generado esperanza porque la 'Declaración de Estambul' abre la posibilidad de trabajar en varios frentes, entre ellos el trinomio agricultura vinculada con alimentación, agua y energía. En este sentido hay que seguir produciendo alimentos para que no se dé la situación de hambre en el mundo, siendo conscientes de que la agricultura es una de las actividades que más agua utiliza.
Otro de los temas que con más intensidad se ha tratado es la concentración de la población en las zonas costeras, así como la necesidad de hacer un estudio y una planificación integrales de la utilización del agua en estas zonas.
También se ha hablado de grupos de población más vulnerables como mujeres y niños, especialmente en países en vías de desarrollo, así como de la puesta a disposición de aquellos recursos no convencionales, como la desalinización y la reutilización.
Trabajar para solucionar todos estos problemas es hablar de sostenibilidad y hacerlo bajo un concepto nuevo del agua. No tenemos que pensar sólo en ella sólo como un recurso económico sino como un bien que debemos preservar para las generaciones futuras. Francia y Alemania comparten que el agua es un derecho fundamental del hombre, aunque no se hayan suscrito a este documento anejo a la 'Declaración de Estambul' y la Unión Europea, en consecuencia, ha preparado un texto en el cual se manifiesta una posición similar y que igualmente será anexo a esta 'Declaración de Estambul'.
El texto reza: "Reconocemos las discusiones, los debates en el marco de Naciones Unidas en lo que respecta a los Derechos Humanos y el acceso seguro al agua potable y al saneamiento. Reconocemos este derecho y revisaremos cómo podrá llevarse a cabo en nuestras leyes nacionales, reglamentos, políticas y prácticas".
En la declaración oficial que han ratificado todos los países se ha reconocido la necesidad de que exista una seguridad para el agua, así como los cambios globales, sin precedentes y rápidos, que impactan sobre el agua: el crecimiento de la población, migraciones, urbanizaciones, cambio climático, desertificación, sequías y degradación, entre otros. Este V Foro Mundial del Agua celebrado en Estambul (Turquía) cierra sus puertas coincidiendo con el Día Mundial del Agua, con una participación de cerca de 190 países, ONG, representantes de la sociedad civil, más de 4.000 organizaciones y más de mil periodistas de todo el mundo. La próxima edición tendrá lugar en Marsella (Francia) en 2012.
El arroz se cultiva desde hace casi 7.000 años, según un estudio del Colegio Universitario de Londres en Reino Unido, que se publica en la revista 'Science'. El trabajo sugiere que el arroz se domesticó lentamente durante el curso de entre dos y tres milenios en la región del Bajo Yangtze en Zhejiang (China), de forma similar a la lenta domesticación del trigo y la cebada.Los científicos investigaron la presencia y concentración de espiguillas de arroz, o de flores, en la excavación de un yacimiento neolítico de Tianluoshan para determinar que la domesticación del arroz culminó hace entre 6.900 y 6.600 años.
Cuando los investigadores excavaron en la localización, observaron que los restos de arroz se volvieron progresivamente más concentrados entre otros restos de plantas con el paso del tiempo, comenzando en un 8 por ciento de todos los restos de plantas y progresando hasta que constituían el 24 por ciento de todos los restos. Este descubrimiento indica que el aumento del arroz fue cobrando importancia en la dieta a lo largo del tiempo.
Los científicos también separaron los restos de arroz en tres categorías (silvestre, doméstico e inmaduro) y determinaron que a medida que pasaba el tiempo, el tipo doméstico del arroz había aumentado en presencia entre un 27 y un 39 por ciento en el curso de 300 años. Al mismo tiempo, la presencia de los granos de arroz de tipo silvestre e inmaduro disminuyeron.
Según los investigadores, la evidencia de hierbas cultivables que están asociadas con el arroz domesticado proporciona más pruebas de su cuidadoso cultivo en China hacia ese tiempo.
(Doble click para iniciar película, click para pausa. Imágenes NASA)
"Es el año 2065. Cerca de dos tercios del ozono terrestre ha desaparecido. No sólo en los polos, sino en todo el planeta. El tristemente célebre agujero de ozono sobre la Antártida, descubierto por primera vez en los años ochenta, tiene un gemelo sobre el Polo Norte. La radiación ultravioleta (UV) que cae sobre las ciudades de latitudes medias como Washington D. C. [o Madrid] es lo suficientemente fuerte como para causar quemaduras de sol en sólo cinco minutos".
Así comienza el relato publicado por la NASA con motivo de un curioso experimento llevado a cabo por sus científicos. Y así es, según el relato, el mundo que nos habría tocado vivir en el presente siglo de no haber sido porque 193 países acordaron en 1987 prohibir sustancias químicas dañinas para el ozono en el llamado Protocolo de Montreal.
La simulación empleó un modelo completo que incluía los efectos químicos sobre la atmósfera, los cambios en el patrón de los vientos y los cambios en la radiación. El análisis ha sido publicado en Atmospheric Chemistry and Physics.
Han pasado dos décadas desde que se descubrió el agujero en la capa de ozono y se le puso un remedio. ¿Teníamos razón con el ozono? ¿Funcionó el Protocolo de Montreal? ¿Qué clase de mundo hemos evitado eliminando las sustancias nocivas para el ozono.
Los investigadores comenzaron con un modelo de circulación atmosférica que prevé cómo los cambios en la estratosfera influyen en los cambios en la troposfera (las masas de aire próximas a la superficie terrestre). Las pérdidas de ozono modifican la temperatura en distintas partes de la atmósfera, y esos cambios promueven o suprimen las reacciones químicas.
Los científicos incrementaron las emisiones de CFC y compuestos similares en un 3% anual, un índice conservador que sólo representa la mitad de lo que se emitía en los años 70. A partir de ahí, dejaron que el mundo simulado evolucionara desde 1975 hasta 2065.
En 2020, el 17% de todo el ozono ha desaparecido a nivel global, Un nuevo agujero de ozono empieza a formarse cada año sobre el Ártico.
En 2040, las concentraciones globales de ozono caen a los mismos niveles del agujero de la Antártida. El índice de radiación ultravioleta (UV) alcanza el 15 en las horas de máximo calor de un día de verano en las latitudes medias (como España). Actualmente, un índice de 10 es considerado extremo. El sol produce quemaduras en unos 10 minutos.
A finales de 2065, los niveles de ozono han caído un 67% con respecto a los años 70. La intensidad de la radiación UV es el doble. La exposición al sol produce cáncer de piel y quemaduras en sólo cinco minutos.
La capa de ozono es el filtro solar natural de la Tierra. Absorbe y bloquea casi toda la radiación ultravioleta procedente del sol, protegiendo así a la vida de radiaciones que dañan el ADN. El gas es creado de forma natural y repuesto a través de una reacción fotoquímica en la alta atmósfera, donde los rayos UV rompen las moléculas de oxígeno (O2) y dejan átomos individuales que se recombinan luego en moléculas de tres átomos (O3). Al ser transportadas por el viento, el ozono va siendo eliminado poco a poco por gases atmosféricos naturales, cerrando un ciclo natural de equilibrio que vuelve a empezar nuevamente.
Sin embargo, los clorofluorocarbonos (CFC), inventados en 1929 como refrigerantes y para los areosoles, alteran ese equilibrio. Los investigadores descubrieron en los años 79 y 80 que los CFC, aparentemente inocuos en la superficie terrestre, eran reactivos en la estratosfera (entre 10 y 50 kilómetros de altitud), donde se concentra el 90% del ozono del planeta. Allí, las radiaciones UV hacen que los CFC y compuestos similares se rompan en partículas elementales de clorinos y brominos, con capacidad para destruir las moléculas de ozono. Estas sustancias artificiales destructoras del ozono permanecen durante décadas en la estratosfera.
Así fue como en los años 80, las sustancias dañinas para el ozono abrieron un "agujero" sobre la Antártida que duró todo el invierno. Fue el comienzo de la concienciación de los efectos de la actividad humana sobre la atmósfera.
"Es el año 2065. Cerca de dos tercios del ozono terrestre ha desaparecido. No sólo en los polos, sino en todo el planeta. El tristemente célebre agujero de ozono sobre la Antártida, descubierto por primera vez en los años ochenta, tiene un gemelo sobre el Polo Norte. La radiación ultravioleta (UV) que cae sobre las ciudades de latitudes medias como Washington D. C. [o Madrid] es lo suficientemente fuerte como para causar quemaduras de sol en sólo cinco minutos".
Así comienza el relato publicado por la NASA con motivo de un curioso experimento llevado a cabo por sus científicos. Y así es, según el relato, el mundo que nos habría tocado vivir en el presente siglo de no haber sido porque 193 países acordaron en 1987 prohibir sustancias químicas dañinas para el ozono en el llamado Protocolo de Montreal.
La simulación empleó un modelo completo que incluía los efectos químicos sobre la atmósfera, los cambios en el patrón de los vientos y los cambios en la radiación. El análisis ha sido publicado en Atmospheric Chemistry and Physics.
Han pasado dos décadas desde que se descubrió el agujero en la capa de ozono y se le puso un remedio. ¿Teníamos razón con el ozono? ¿Funcionó el Protocolo de Montreal? ¿Qué clase de mundo hemos evitado eliminando las sustancias nocivas para el ozono.
Los investigadores comenzaron con un modelo de circulación atmosférica que prevé cómo los cambios en la estratosfera influyen en los cambios en la troposfera (las masas de aire próximas a la superficie terrestre). Las pérdidas de ozono modifican la temperatura en distintas partes de la atmósfera, y esos cambios promueven o suprimen las reacciones químicas.
Los científicos incrementaron las emisiones de CFC y compuestos similares en un 3% anual, un índice conservador que sólo representa la mitad de lo que se emitía en los años 70. A partir de ahí, dejaron que el mundo simulado evolucionara desde 1975 hasta 2065.
En 2020, el 17% de todo el ozono ha desaparecido a nivel global, Un nuevo agujero de ozono empieza a formarse cada año sobre el Ártico.
En 2040, las concentraciones globales de ozono caen a los mismos niveles del agujero de la Antártida. El índice de radiación ultravioleta (UV) alcanza el 15 en las horas de máximo calor de un día de verano en las latitudes medias (como España). Actualmente, un índice de 10 es considerado extremo. El sol produce quemaduras en unos 10 minutos.
A finales de 2065, los niveles de ozono han caído un 67% con respecto a los años 70. La intensidad de la radiación UV es el doble. La exposición al sol produce cáncer de piel y quemaduras en sólo cinco minutos.
La capa de ozono es el filtro solar natural de la Tierra. Absorbe y bloquea casi toda la radiación ultravioleta procedente del sol, protegiendo así a la vida de radiaciones que dañan el ADN. El gas es creado de forma natural y repuesto a través de una reacción fotoquímica en la alta atmósfera, donde los rayos UV rompen las moléculas de oxígeno (O2) y dejan átomos individuales que se recombinan luego en moléculas de tres átomos (O3). Al ser transportadas por el viento, el ozono va siendo eliminado poco a poco por gases atmosféricos naturales, cerrando un ciclo natural de equilibrio que vuelve a empezar nuevamente.
Sin embargo, los clorofluorocarbonos (CFC), inventados en 1929 como refrigerantes y para los areosoles, alteran ese equilibrio. Los investigadores descubrieron en los años 79 y 80 que los CFC, aparentemente inocuos en la superficie terrestre, eran reactivos en la estratosfera (entre 10 y 50 kilómetros de altitud), donde se concentra el 90% del ozono del planeta. Allí, las radiaciones UV hacen que los CFC y compuestos similares se rompan en partículas elementales de clorinos y brominos, con capacidad para destruir las moléculas de ozono. Estas sustancias artificiales destructoras del ozono permanecen durante décadas en la estratosfera.
Así fue como en los años 80, las sustancias dañinas para el ozono abrieron un "agujero" sobre la Antártida que duró todo el invierno. Fue el comienzo de la concienciación de los efectos de la actividad humana sobre la atmósfera.
Hace entre 540 a 500 millones de años, un depredador llamado Hurdia victoria y sus primos cercanos dominaban los primitivos mares cámbricos, donde se hicieron más grandes que otros organismos, de los que seguramente se alimentaban. Hurdia, según aseguran en la revista Science, ha permitido conocer aspectos muy importantes de la evolución primitiva de los artrópodos en aquel momento de explosión de la vida en los océanos.Aunque se sabía de la existencia de esta enorme criatura, llamada técnicamente Hurdia victoria, muchos de los restos habían sido mal identificados e incluidos en otras familias animales, desde medusas hasta pepinos de mar.
Los científicos explican en la revista especializada Science que este gran animal y sus primos cercanos, todos de la familia de los anomalocarídidos, dominaron los mares del Cámbrico alimentándose de buena parte de sus habitantes.
Al analizar varios cientos de fósiles encontrados en Canadá desde 1912 hasta fechas recientes, los investigadores han conseguido reorganizar una imagen más clara del hurdia y su lugar en el árbol genealógico de los anomalocarídidos. Estos animales, antepasados muy lejanos de las gambas y los insectos, podían medir hasta dos metros de largo. Eran los mayores animales del Cámbrico.
El cuerpo del Hurdia es segmentado, en su cabeza tiene dos garras y una estructura de mandíbula circular con muchos dientes. La mayoría del cuerpo está cubierto por branquias, que probablemente eran necesarias para que un animal tan grande y activo nadador obtuviera oxígeno.
El rasgo más novedoso y misterioso de esta especie es el gran caparazón de tres partes que nace de la zona delantera de su cabeza hacia el exterior. No se parece a ninguna otra estructura observada en otros fósiles o en los artrópodos vivos.
Muchos animales tienen una concha o caparazón que protege sus órganos blandos, pero en el caso de este depredador marino está vacía y ni cubre ni protege al resto del cuerpo.
Un equipo de científicos australianos ha presentado los restos fosilizados de la madre vertebrada más antigua jamás descubierta, un pez placodermo (con caparazón) con su embrión aún unido por el cordón umbilical.El fósil, hallado en el yacimiento de Gogo, al noroeste de Australia, prueba que las especies antiguas ya tenían una avanzada biología reproductiva, comparable a la de los modernos tiburones o rayas.
No es sólo la primera vez que se ha encontrado un embrión fósil con el cordón umbilical, sino también el ejemplo más antiguo conocido de cualquier animal pariendo a una criatura.
Los placodermos, a menudo denominados ‘los dinosaurios de los mares’, dominaron los mares y lagos del mundo durante casi 70 millones de años. La mayoría de especies de peces con caparazón eran bastante pequeñas, pero algunos superaban los seis metros de longitud.
Los placodermos pertenecieron al periodo Devónico tardío, en el que surgieron los primeros animales terrestres, evolucionados a partir de los peces. Este descubrimiento altera nuestra comprensión de la evolución de los vertebrados. Tendremos que replantearnos la evolución temprana de los vertebrados en cuanto al modo en que la reproducción ha dirigido eventos evolutivos.
Se sabe muy poco sobre cómo los cambios reproductivos que llevaron desde la puesta de huevos hasta la fertilización interna han afectado en el pasado remoto a la evolución de las especies. Los científicos publicaron este descubrimiento en la revista ‘Nature’.
El espécimen pertenece a una nueva especie que el equipo de científicos bautizó Materpiscis attenboroughi, en honor del conservacionista británico David Attenborough.
Según los científicos del Museo Victoria en Melbourne, Australia, quienes llevaron a cabo el hallazgo, el espécimen revela que esta forma de reproducción ya existía 200 millones de años antes de lo que se pensaba. Hasta ahora los científicos pensaban que las criaturas de esta época sólo eran capaces de reproducirse de forma ovípara -desarrollándose dentro un huevo.
Y la primera evidencia que se tenía de la reproducción vivípara -cuando el embrión se desarrolla dentro del útero de la madre- eran fósiles reptiles de la era mesozoica (hace entre 248 a 65 millones de años).
Los placodermos eran un grupo muy diverso y son los vertebrados con mandíbulas más primitivos que se conocen. Estos peces acorazados dominaron los mares, ríos y lagos durante el período devoniano de la era paleozoica, hace entre 420 y 360 millones de años. El fósil, que mide unos 25 centímetros de largo, fue descubierto en 2005 en la formación de Gogo, Australia occidental.
La creencia general es que los arroyos del sureste de España no tienen algo que ofrecer. Sin embargo, una investigación de la Universidad de Murcia ha demostrado que estos ecosistemas, únicos en Europa, presentan una gran biodiversidad de especies vegetales y animales. Se rompe el mito de que los sistemas áridos no engloban organismos de interés.En general, los arroyos semiáridos tienen poco caudal y vegetación, y pueden parecer poco atractivos por un aparente valor ecológico mínimo, pero la realidad es muy distinta. Los científicos españoles que han estudiado su funcionamiento a escala global han descubierto que en ellos existe un mayor número de especies que en las zonas más húmedas. Estos sistemas funcionan como refugios de biodiversidad. En el fondo, encierran una gran heterogeneidad ambiental a nivel de microambientes.
La investigación, publicada recientemente en Marine and Freshwater Research, se centra en el estudio de las comunidades de algas, sobre todo, en las diatomeas (una clase de algas unicelulares microscópicas), ya que son los organismos a partir de los que se fundamenta todo el ecosistema.
Los biólogos descubrieron más de 200 especies de microalgas (que no se ven a simple vista), de las cuales algunas podrían ser nuevas para la ciencia.
La importancia del hallazgo reside en la excepcionalidad del hábitat en el ámbito europeo. El sureste de España, una de las regiones más áridas del continente, es de las pocas zonas de Europa donde son frecuentes los arroyos semiáridos. Éstos albergan un número importantísimo de especies, y muchas de ellas son características de estos ambientes.
Para el equipo de investigación, estas especies de algas merecen ser estudiadas y consideradas en las estrategias de conservación, ya que se adaptan a condiciones bastante extremas, como temperaturas muy altas, mucha evaporación, o salinización del agua.
De no proteger estos ecosistemas, como en realidad se ha estado haciendo hasta ahora, se extinguirán especies que nunca llegaremos a conocer y no sabremos ni los beneficios que nos pueden aportar.
Los expertos subrayan que, al tratarse de ecosistemas “humildes y desconocidos”, se pierde información sobre las especies que en ellos habitan. Al ir perdiendo especies, el funcionamiento cambia completamente, y eso provoca reacciones en cadena que terminan con una mini-catástrofe ecológica, con pérdidas de un ecosistema.
Además de su interés ecológico por ser el primer eslabón de la cadena trófica, las microalgas pueden ser “interesantes” para aplicaciones biotecnológicas. Es el gran drama de la extinción de las especies, que antes de llegar a conocerlas, desaparecen.
En las algas descansa todo el funcionamiento del sistema. Estos organismos fotosintetizadores son productores primarios, y constituyen el alimento a partir del cual se basa todo el sistema ecológico de los ecosistemas acuáticos. Desde el punto de visto medioambiental, ya se utilizan para el control de la calidad ambiental de los sistemas acuáticos, y son esenciales para conocer su estado ecológico o de salud.
La visibilidad del cielo ha disminuido en los últimos 35 años en todo el mundo menos en Europa, donde se han adoptado medidas efectivas para reducir la contaminación en la atmósfera, según un artículo publicado en la revista Science. Investigadores de las universidades de Maryland y de Texas llegaron a esta conclusión tras compilar la primera base de datos sobre niveles de aerosoles en la atmósfera y visibilidad recogidos entre 1973 y 2007 por 3.250 estaciones meteorológicas en todo el mundo.
Esta base de datos es un gran paso adelante para investigar los cambios a largo plazo de la contaminación del aire y su relación con el cambio climático. Los estudios preliminares hechos por los científicos sobre esta base de datos muestran un aumento continuo de aerosoles en la atmósfera durante el periodo que va de 1973 a 2007 y la consiguiente pérdida de visibilidad debido a que éstos impiden la llegada de las radiaciones solares a la superficie de la tierra.
La única región del mundo en la que no se registra un aumento de aerosoles es Europa, que de hecho ha experimentado un aumento de visibilidad. La principal razón de este fenómeno son las normas de calidad del aire que exigen una disminución de la contaminación liberada en la atmósfera en el continente europeo.
Los datos recogidos en 68 estaciones meteorológicas en España confirmaron esta tendencia. La visibilidad es la distancia a la que un observador puede ver con claridad desde el lugar de medición, afirma el estudio, según el cual ésta será menor cuanta mayor concentración de aerosoles estén presentes en el aire.
Los aerosoles son partículas sólidas o líquidas suspendidas en el aire y nos referimos a ellos comúnmente como contaminación del aire. Incluyen hollín, polvo y partículas de dióxido de azufre. Provienen de la utilización de combustibles fósiles, de procesos industriales y la quema de biomasa de las selvas tropicales y pueden ser perjudiciales tanto para la salud humana como para el medio ambiente.
A diferencia de las partículas de aerosoles, el dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero son transparentes y no afectan a la visibilidad. Sin embargo, causan un recalentamiento global porque atrapan la energía solar e impiden que el calor vuelva al espacio.
Mientras que la relación de los gases de efecto invernadero con el recalentamiento del clima es conocido, no están claros los efectos de los aerosoles. El efecto de los aerosoles sobre el clima es tan complejo que no podemos concluir si disminuirán o aumentarán el calentamiento global.
Según el estudio, la nueva base de datos permitirá a los científicos determinar estos efectos al poder comparar las temperaturas, los niveles pluviométricos y la nubosidad con los niveles de aerosoles de los últimos 35 años. La mayoría de la gente percibe el cambio climático como el resultado de unos niveles elevados de gases de efecto invernadero, pero una fuerte carga de aerosoles en la atmósfera puede intensificar el calentamiento global.
Aunque se halló en abril de 2007, los científicos han confirmado ahora que se trata de una nueva especie. El pez es uno de los vertebrados más extraordinarios descubiertos en las últimas décadas.
Los dientes del 'Danionella dracula' resultan muy sorprendentes, porque ninguna de las otras 3.700 especies del grupo cipriniforme tiene dientes en la mandíbula. De hecho, los peces cipriniformes perdieron su mandíbula con dientes hace unos 50 millones de años. Sin embargo, el pececito hallado en Birmania desarrolló sus propias estructuras con dientes, que crecieron a partir de los huesos de la mandíbula.
Pese a su reducido tamaño, el 'Danionella dracula' no es el pez más pequeño del mundo, título que ostenta el 'Paedocypris progenetica', que mide 7,9 milímetros y también pertenece al grupo de los cipriniformes. Los zoólogos quieren investigar ahora los hábitos alimenticios del diminuto 'vampiro', aunque ya se conoce que su familia animal se caracteriza por ser devoradora de crustáceos e insectos pequeños.
Expertos de varias universidades han advertido en el Congreso Científico Internacional sobre Cambio Climático de Copenhague de que estudios recientes apuntan a que el nivel del mar podría subir hasta un metro para 2100, el doble de lo estimado en el último informe mundial de la ONU.La causa principal radica en que los glaciares, así como las masas de hielo de Groenlandia y la Antártida, se están derritiendo a mayor ritmo del esperado, además de que los océanos continúan calentándose y expandiéndose.
Las observaciones por satélite y terrestres más recientes muestran que el nivel del mar sigue subiendo 3 milímetros al año, una cifra por encima de la media del siglo XX. La previsión más optimista lanzada en el congreso es de una subida del nivel del mar de 50 centímetros para 2100.
Los científicos advirten de que si no se reducen las emisiones de gases invernadero de forma rápida y substancial, la crecida del nivel del mar afectará, aún en el mejor de los casos, al 10% de la población mundial.
El último informe del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, lanzado en 2007, estimó que la crecida sería de entre 18 y 50 centímetros, si bien no incluyó en sus cálculos todos los factores, como la reacción de las masas de hielo de Groenlandia y la Antártida a las alteraciones del clima.
Habrá grandes diferencias regionales causadas por la subida del nivel del mar, dependiendo de la localización del origen de la pérdida de hielo. El congreso de Copenhague reúne a más de 2.000 participantes, con 1.600 contribuciones científicas de investigadores de 70 países.
Las conclusiones preliminares del congreso serán presentadas en la sesión final y formarán parte de un informe que será publicado en junio próximo y entregado a todos los participantes en la cumbre climática mundial de diciembre en Copenhague. En esta cita se espera que se consensúe un acuerdo que sustituya al Protocolo de Kioto, cuando éste expire en 2012.
La selva amazónica, que contribuye a ralentizar el cambio climático absorbiendo ingentes cantidades de CO2, es sorprendentemente sensible a la sequía, de acuerdo con una nueva investigación en el bosque tropical más grande del mundo.El estudio llevado a cabo durante treinta años y publicado en Science proporciona la primera evidencia sólida de que la sequía causa pérdidas masivas de carbono en los bosques tropicales, principalmente a través de la mortalidad de los árboles.
Durante años, el Amazonas ha estado ayudando a ralentizar el cambio climático. Pero depender de este subsidio de la naturaleza es extremadamente peligroso, según declaró el doctor Oliver Phillips, catedrático de la Universidad de Leeds y autor principal de la investigación.
Si los sumideros de carbono de la Tierra disminuyen, o se invierten, que según muestran sus resultados es posible que ocurra, los niveles de dióxido de carbono aumentarán incluso más rápido. Para estabilizar nuestro clima se necesitarán cortes más profundo en la emisiones.
El estudio, una colaboración global entre más de 40 instituciones, se basó en la inusual sequía del Amazonas del año 2005. Ello proporcionó a los científicos una visión del futuro clima de la región, en el que un Atlántico Norte tropical más caliente, probablemente podría causar estaciones secas más calurosas e intensas. La sequía del 2005 invirtió bruscamente décadas de absorción de carbono, en las cuales el Amazonas -cuyo tamaño es doce veces el de España- ayudó a ralentizar el cambio climático.
En años normales el bosque absorbe alrededor de 2 billones de toneladas de dióxido de carbono. La sequía causó una pérdida de más de 3 billones de toneladas. El impacto total de la sequía -5 billones de toneladas extra de dióxido de carbono en la atmosfera- excede las emisiones anuales de Europa y Japón juntas.
Visualmente, muchos de los bosques aparecieron poco afectados por la sequía, pero sus registros prueban tasas de mortalidad aceleradas. Debido a que la región es tan extensa, pequeños efectos ecológicos pueden llegar a provocar un gran impacto en el ciclo de carbono del planeta. Algunas especies, incluyendo algunas palmeras importantes, fueron especialmente vulnerables, mostrando que las sequía también amenaza la biodiversidad.
El Amazonas representa más de la mitad de los bosques tropicales del mundo, cubriendo un área 25 veces más grande que el Reino Unido. No hay otro ecosistema en la Tierra que albergue tantas especies ni ejerza tal control en el ciclo del carbono. El estudio se llevó a cabo por 68 científicos de 13 países diferentes que trabajan en RAINFOR, una red de investigación única dedicada a monitorizar los bosques del Amazonas.
Para calcular los cambios en el almacenamiento de carbono, los científicos examinaron más de 100 parcelas de bosque en las 600 mil hectáreas de Amazonas, identificaron y midieron más de 100.000 árboles, y registraron muertes de árboles así como, nuevos árboles. Los patrones climáticos también fueron medidos con detalle y representados en mapas.
Debido a la sequía de 2005, el equipo de RAINFOR sacó partido de este inmenso experimento natural, y enfocó sus mediciones en valorar como la sequía había afectado el bosque. El estudio encontró que durante al menos 25 años el bosque del Amazonas actuó como un gran sumidero de carbono. Un proceso similar ha estado ocurriendo también en África. De hecho, durante las recientes décadas los bosques tropicales han absorbido una quinta parte de las emisiones globales de combustible fósil
Pero en 2005 este proceso se invirtió. La mortalidad de los árboles se aceleró más allí donde la sequía fue más fuerte, e incluso localizaciones sujetas a una sequía suave se vieron afectadas. Gracias al estudio, ahora sabemos la sensibilidad exacta del Amazonas al calentamiento y la sequía. De repetirse, las sequías del Amazonas acelerarían el calentamiento climático y en un futuro éstas serían incluso más perjudiciales.
Relacionan la aparición de formas de vida complejas con tasas de mutación y mecanismos de replicación en viroides. El viroide causante del moteado clorótico del crisantemo posee la tasa de mutación más elevada jamás descrita para una entidad biológica. El trabajo aparece en la revista Science.Una investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universidad Politécnica de Valencia y la Universidad de Valencia aporta nuevas claves para entender la aparición de formas de vida complejas. La investigación relaciona las tasas de mutación y los mecanismos de replicación con la evolución de los organismos vivos y el aumento de su complejidad, tomando como base el estudio de los viroides, patógenos vegetales muy simples formados por una pequeña molécula de ARN. El trabajo se publica en la revista Science.
Los viroides son patógenos muy sencillos, aún más simples que los virus, ya que carecen de la envoltura proteica que caracteriza a éstos. Además, según pone de manifiesto esta nueva investigación, poseen unas tasas de mutación extremadamente altas debido a su escasa fidelidad replicativa. Estas características los hacen similares a los replicones primitivos, que se cree que existieron hace más de mil millones de años y que debieron soportar tasas de mutación extremadamente elevadas. La adquisición de mecanismos que incrementasen la fidelidad de la replicación supuso un paso decisivo en la aparición de formas de vida complejas.
Como señalan los investigadores Selma Gago, Santiago F. Elena y Ricardo Flores del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (centro mixto del CSIC y la Universidad Politécnica de Valencia), en el presente estudio se plantean determinar la tasa de mutación de una entidad biológica tan extremadamente simple como un viroide. Para ello eligieron el viroide causante del moteado clorótico del crisantemo, que se caracteriza por contener unas estructuras denominadas ribozimas de cabeza de martillo, claves para la replicación.
Las mutaciones que afectan a los nucleótidos conservados en las ribozimas interrumpen la replicación del viroide, lo que ha permitido estimar la frecuencia con la que se producen las mutaciones. Después de confirmar experimentalmente que todas las mutaciones detectadas inactivaban la ribozima, pudieron concluir que la tasa de mutación para este viroide es de un error por cada 400 nucleótidos. Este valor es el más alto jamás descrito para cualquier entidad biológica, extendiendo el intervalo de tasas de mutación compatibles con la vida en más de un orden de magnitud.
La tasa de mutación es uno de los parámetros clave para entender la evolución de los organismos vivos, ya que determina la cantidad de variación genética que contendrá una población y, por tanto, su capacidad para responder a cambios ambientales. Por tasa de mutación se entiende la frecuencia con la que la maquinaria de replicación del material genético comete un error e introduce un cambio de cualquier tipo en el genoma de la descendencia.
Las estimaciones disponibles para distintos organismos varían en un amplio intervalo de varios órdenes de magnitud, desde una mutación cada diez mil nucleótidos copiados en los virus de ARN o los de ADN de cadena sencilla hasta una por cada cien millones de nucleótidos copiados en los mamíferos. A pesar de esta aparente discrepancia, existe una ley empírica que relaciona de manera inversa la tasa de mutación con el tamaño del genoma: cuanto mayor es un genoma, menor es su tasa de mutación por nucleótido y viceversa.
Los viroides son patógenos de plantas cuyo genoma está constituido por una pequeña molécula de RNA circular de tan solo 250 - 400 nucleótidos que adquiere un complejo plegamiento espacial. A diferencia de los virus de RNA, el genoma de los viroides no codifica ninguna proteína, por lo que son parásitos tanto de la maquinaria de traducción como de la de transcripción de las células que los hospedan. La replicación de los viroides es mediada por una RNA polimerasa celular que emplea DNA como molde habitual, pero que es forzada a emplear el genoma de RNA del viroide como molde atípico.
Los viroides son replicados siguiendo un mecanismo denominado de círculo rodante por el cual el molde circular es transcrito reiteradamente generándose copias del genoma con repeticiones en tándem (oligómeros) que posteriormente son procesados por las ribozimas para dar lugar a los genomas individuales. De la interacción del RNA viroidal con distintos factores celulares se derivan los síntomas característicos de las distintas enfermedades causadas por estos patógenos.
El fósil de un reptil neozelandés semejante a un lagarto ha sido identificado por un equipo de científicos del University College de Londres, la Universidad de Adelaida, y el Museo Nacional de Nueva Zelanda. El fósil, datado como de hace 18 millones de años, ha proporcionado argumentos frescos para el debate sobre si Nueva Zelanda estuvo o no totalmente sumergida hace unos 25 millones de años.El amenazado tuátara de Nueva Zelanda es un reptil semejante a un lagarto y único superviviente de un grupo que estaba globalmente distribuido en la época de los dinosaurios. El tuátara vive en 35 islas esparcidas alrededor de la costa de Nueva Zelanda, en tanto que las poblaciones del continente se extinguieron con la llegada de humanos y los animales traídos por estos, hace unos 750 años.
El fósil de tuátara conocido más antiguo data del Periodo Pleistoceno (alrededor de 34.000 años atrás), mientras que el recientemente descubierto data del Mioceno Temprano, hace entre 16 y 19 millones de años. El fósil, que consta de mandíbulas y dentadura, muy parecidas a las del tuátara actual, llena un vacío de casi 70 millones de años en el registro fósil del grupo, entre el Pleistoceno Tardío de Nueva Zelanda y el Cretácico Tardío de Argentina.
Este hallazgo ofrece evidencias adicionales de la presencia de los antepasados del tuátara en la masa de tierra continental desde que ésta se separó del resto de los continentes del sur (Gondwana) hace unos 82 millones de años.
Se ha argumentado que Nueva Zelanda quedó completamente sumergida durante el Oligo-mioceno, hace entre 22 y 25 millones de años. Sin embargo, la diversidad de fósiles actualmente conocidos del Mioceno sugiere que es más probable que un área suficiente de tierra permaneciera sobre el agua, asegurando la supervivencia de varias especies tales como ranas, ciertos árboles, y varios insectos modernos de agua dulce, así como el tuátara.
El fósil proporciona también la primera evidencia directa de que los antepasados del tuátara sobrevivieron en Nueva Zelanda a pesar de cambios climáticos y medioambientales sustanciales, tales como una caída de la temperatura global de unos ocho grados Celsius hace alrededor de 14 millones de años (Mioceno Medio).
En las últimas décadas, los gigantes de la selva están creciendo a un ritmo más rápido y también ha aumentado la cantidad de dióxido de carbono que sacan de la atmósfera. Como es sabido, las plantas toman CO2 del aire para crecer, incorporando el carbono (C) a sus tejidos y devolviendo el oxígeno (O). Esto hace que funcionen como lo que se llama un 'sumidero de carbono', pues ese elemento permanece fijado en forma de madera.
Lo que ha sorprendido a los investigadores es constatar que la fijación de carbono también ocurre en los bosques maduros, lo que solemos llamar selvas vírgenes. Durante tiempo se pensó que en los bosques maduros se daba un equilibrio en el intercambio de materiales. Los árboles jóvenes crecen más que los ancianos y en los bosques muy antiguos era tanto el carbono que se fijaba por el crecimiento como el que se liberaba al morir ejemplares.
Pero esta idea provenía de observaciones en áreas templadas. Al parecer, el trópico es distinto. Trabajos en las selvas de América y Asia habían demostrado que allí los bosques viejos capturan carbono con toda rapidez. Ahora, se ha probado que lo mismo ocurre en África.
Para verificarlo, los autores han medido periódicamente el crecimiento de 70.000 árboles situados en 79 áreas vírgenes de 10 países africanos. Las series de datos llegan a 40 años. De este modo, han constatado que los árboles de las selvas maduras atrapan cada año unas 0,6 toneladas de carbono por hectárea.
Estamos recibiendo un subsidio gratuito de la naturaleza. Los árboles tropicales están absorbiendo el 18% del CO2 proveniente de la quema de combustibles fósiles que el hombre añade a la atmósfera cada año, y están suavizando el ritmo del cambio climático.
La cantidad de dióxido de carbono absorbida por las selvas tropicales vírgenes se eleva a 4.800 millones de toneladas anuales, que es la quinta parte de todas las emisiones producidas al quemar combustibles fósiles.
El cálculo proviene de multiplicar la superficie de selvas tropicales del mundo por el ratio de fijación tropical de C02 obtenido en el estudio. Es sólo una estimación, pero muestra la importancia de las selvas para el clima. Por ello los autores piden que los bosques sean tenidos en cuenta en los tratados internacionales sobre clima. El Protocolo de Kioto no tiene mecanismos para retribuir la conservación de las selvas, pese a que muchos países tropicales han pedido algún tipo de recompensa por hacerlo.
Lo que no tienen claro los investigadores es por qué los bosques tropicales están creciendo tanto. Una explicación sería que se benefician del aumento de CO2 atmosférico acelerando su metabolismo. En ese caso, la falta de otros nutrientes, como el el nitrógeno del suelo, podría hacer que el rápido crecimiento actual fuera un espejismo pasajero.
La otra posible solución es que los bosques que llamamos vírgenes no lo sean tanto y, en realidad, estén recuperándose de transformaciones naturales o artificiales de siglos pasados. Es decir, que aunque a simple vista parezcan venerables selvas intocadas, aún se comporten como jóvenes bosques que evolucionan rápido tras una alteración. Sea como sea, la cuestión es que la ciencia ha probado la función que desempeñan las selvas maduras para modular las alteraciones atmosféricas causadas por el hombre. Un motivo más para elegir muy bien qué madera usamos en nuestros muebles o nuestros parqués.
Según un estudio financiado por la Nacional Science Foundation y publicado por un equipo del laboratorio de interacción humana con la naturaleza y los sistemas tecnológicos de la Universidad de Washington en el Journal of Enviromental Psychology, el hombre aún no está preparado para vivir sin la naturaleza. Para comprobar como la gente reacciona ante la naturaleza y su representación tecnológica, los investigadores reclutaron a 90 estudiantes y los sometieron a cuatro tareas mentales (pruebas de lectura y otras tareas creativas similares) de manera individual mientras que monitorizaban el trabajo de su corazón. 30 de ellos estaban sentados frente a una ventana a través de la que veían el campus, una fuente y árboles, un segundo grupo veía una televisión de plasma que mostraba la misma escena en tiempo real y los últimos estaban encarados a la pared. Al mismo tiempo, una cámara sincronizada con el monitor cardíaco registraba los movimientos de los ojos de los participantes.
Conforme sigamos aumentando nuestra relación con la tecnología, como televisores de plasma en lugar de ventanas, en nuestras vidas podríamos adaptarnos a ellas pero tendrá un precio. Como muestra este estudio, una representación tecnológica de la naturaleza no tiene los mismos beneficios psicológicos que la naturaleza real.
La tasa de recuperación cardíaca de cada sujeto se basó en la velocidad a la que el ritmo del corazón se frenó en los 60 segundos posteriores a que se le dijera que esperara o mientras se le explicaba cada una de las tareas. El rendimiento de cada persona se medía en base a seis criterios, una vez terminada cada tarea y los dos periodos de espera. El estrés se debía a tener que interactuar con otra persona y a la anticipación o la ansiedad que cada uno sintiera por hacer bien cada una de las tareas.
El resultado muestra que los participantes que miraban el televisor de plasma lo hacían con la misma frecuencia que los que contemplaban la ventana. Sin embargo, ésta atraía la atención de los estudiantes durante más tiempo que la televisión. En las tareas en las que más miraban por la ventana el corazón del sujeto iba más lento que durante las tareas en las que pasaban menos tiempo contemplando el paisaje. Esto no sucedía con el monitor.
Este resultado sorprendió, ya que los científicos pensaban que la televisión estaría en algún punto intermedio entre la ventana y el muro. Este estudio muestra la importancia de la naturaleza en la vida del hombre y, al menos, señala una limitación de la naturaleza tecnológica.
Parte de esta pérdida viene de lo que los investigadores han denominado amnesia medioambiental generacional. Lo que quieren explicar con esta idea es que en cada generación la degradación medioambiental aumenta, pero también siguen creyendo que las condiciones son normales. Por ejemplo, los niños que crecen hoy en las ciudades con un aire muy contaminado no creen que sus comunidades tengan un problema de polución.
Este problema de la amnesia medioambiental generacional es muy importante con los niños que están creciendo con las nuevas tecnologías, ellos pueden no darse cuenta de que no tienen los beneficios de la naturaleza real cuando interactúan con lo que llamamos naturaleza tecnológica.
La recuperación de ADN antiguo, y la reciente secuenciación del genoma completo de un mamut, ha puesto sobre la mesa unas posibilidades que hoy no son reales, pero que no se pueden descartar para el futuro.Fue en noviembre pasado cuando se dio a conocer la recuperación del ADN nuclear de un mamut, extinguido hace 3.500 años. Había sido recuperado de un fósil congelado en Siberia. Los científicos son conscientes de que es imposible crear vida cuando lo que se tiene del genoma está en un archivo informático, pero no se puede asegurar que dentro de unos años, con alguna técnica nueva, no se pueda conseguir.
Lo que es evidente es que no todas las especies extinguidas se podrán recuperar. Un hipotético Parque Jurásico de dinosaurios no será posible porque el ADN no puede preservarse más de un millón de años. De hecho, las secuencias localizadas son muy escasas y en la mayoría de los casos, además, están contaminadas con material genético de otros seres vivos. La revista New Scientist ha seleccionado 10 especies que podrían ser candidatas a revivir en la Tierra porque parte de su ADN ya ha sido secuenciado.
1. Neandertal. Estos parientes humanos desaparecieron de la Tierra hace 25.000 años y la secuenciación completa de su genoma ya se ha completado. No se descarta que alguna vez ambas especies se cruzaran, aunque sus descendientes no han dejado huella genética en nuestro ADN. En todo caso, el objetivo de este proyecto, es profundizar en las diferencias y semejanzas que tuvieron con nosotros.
2. Tigre de diente de sable. El Smilodon fatalis fue el felino más grande de todos los tiempos. Desapareció hace 11.000 años, al final del Pleistoceno; se cree que debido al cambio climático, aunque la puntilla se la habrían dado los humanos. Los ejemplares mejor conservados se han encontrado en La Brea, en Los Angeles, en unos agujeros de alquitrán de los que no ha sido fácil extraer el ADN. De momento hay muy poco recuperado, pero algunos expertos confían en obtener su genoma. En ese caso, una leona podría ser la donante del óvulo y su madre sustituta.
3. Oso de cara corta. Los Arctodus simus fueron los mayores carnívoros terrestres de la Edad de Hielo. También desaparecieron hace 11.000 años, en la última gran extinción. Ya se ha recuperado parte de su ADN y se sabe que hay ejemplares congelados en Siberia, por lo que se confía en conseguir más material. Sus parientes más cercanos son osos de América del Sur, aunque son mucho más pequeños.
4. Tigre de Tasmania. El último Thylacinus cynocephalus, un lobo marsupial, murió en un zoo en 1936. Afortunadamente se guardaron sus tejidos, lo que ha permitido recuperar su ADN. En 2008, científicos de Australia y EEUU insertaron parte de este material genético en un ratón, dentro de un experimento para ver si se activaba algún gen, como así ocurrió. Con esta especie, una hembra del diablo de Tasmania bien podría ejercer de madre de una cría. Ayer se supo, con el estudio de ADN de pelos de varios ejemplares, que su diversidad genética era muy escasa, lo que pudo precipitar su extinción.
5. Gliptodonte. Como el oso y el tigre, el gliptodonte dejó de pasear su inmenso caparazón, (media cerca de tres metros) por América del Sur hace 11.000 años. De momento no se han encontrado ejemplares congelados ni en cuevas, por lo que no se tiene el suficiente ADN de la especie. Pero los expertos no pierden la esperanza. Aún así, resucitarla no sería fácil porque la especie más parecida genéticamente es el armadillo gigante, más pequeño.
6. Rinoceronte lanudo. Fue una especie de espeso pelo lanudo que durante el Pleistoceno habitó las frías estepas de Eurasia y dejó de existir hace unos 8.000 años. Como vivió en Siberia, hay muchos rinocerontes lanudos (Coelodonta antiquitatis) congelados de los que se puede extraer ADN.
7. Dodo. Fue un ave no voladora cuya distribución estaba restringida a las Islas Mauricio, en el océano Índico. Desapareció a finales del siglo XVII debido a la caza y el saqueo de sus nidos por parte de los navegantes. Es un ejemplo ampliamente utilizado en la literatura biológica sobre la pérdida de especies causada sin ningún género de dudas por el hombre. Hace seis años, genetistas de Oxford secuenciaron fragmentos de ADN mitocondrial del ejemplar disecado y conservado en un museo. Siguen buscando más material genético del dodo, que quizás podría resucitar con ayuda de las palomas.
8. Perezoso gigante. Hace 8.000 años aproximadamente que dejó de existir este mamífero de cuatro toneladas de peso, conocido como Megaterio y que habitó en América hasta el final de la última glaciación. En los últimos años, los científicos han logrado recuperar bastante ADN de los pelos y de estiércol fosilizado desde hace 30.000 años. El problema es que su pariente más cercano, el perezoso arborícola, es un enano a su lado.
9. Moa. Los dinornítidos o moas eran aves no voladoras que vivían en Nueva Zelanda. Entre el año 900 y el 1400 se extinguieron por la caza intensiva de los maoríes. Es otro caso bien documentado de extinciones por causa humana. El gigantesco pájaro no sobrevivió a la llegada de los primeros pobladores humanos. La buena noticia es que se ha encontrado mucho ADN de huesos y huevos bien conservados en cuevas, lo que permitirá revelar su genoma. Claro que las moas pesaban 250 kilos y medían hasta tres metros. La única especie similar son los avestruces.
10. Alce irlandés. Este ciervo gigante vivió hasta hace 7.700 años en Eurasia. Desde el final de las glaciaciones su número disminuyó y dejaron de verse sus cuernos de cuatro metros. Lograr ADN suficiente para reconstruir su genoma no sería difícil, pero sí resucitarlo porque su pariente cercano, el ciervo, es muy pequeño.
Una nueva especie de pez antártico, 'Gosztonyia antarctica', ha sido localizada a 615 metros de profundidad en el Mar de Bellingshausen, en el Océano Antártico, una zona que no se estudiaba desde 1904 y donde la fauna es absolutamente desconocida.Jesús Matallanas, el investigador español responsable del hallazgo, recogió cuatro ejemplares de la nueva especie durante las campañas del Instituto Español de Oceanografía (IEO), en los veranos australes de 2003 y 2006.
El estudio de la biodiversidad del Mar de Bellingshausen ha sido sistemáticamente ignorado por los proyectos internacionales porque es un mar bastante inaccesible y sus fondos no están cartografiados.
El trabajo, que aparece recientemente en la revista 'Polar Biology', está basado en las campañas Bentart-03 y Bentart-06 del IEO, en las que Matallanas participó como experto en taxonomía de peces antárticos. Se trata de un estudio taxonómico de estos ejemplares de zoárcidos (grupo de peces dominantes en el talud continental de mares boreales que comprenden unas 240 especies) capturados en el Mar de Bellingshausen.
Uno de los resultados más relevantes es que la ictiofauna del Mar de Bellingshausen, contrariamente a lo supuesto hasta ahora, presenta mayores afinidades con la de la Provincia Antártica Oriental que con la de la Occidental.
Otro hallazgo importante es que a diferencia de lo que ocurre en otros mares del Océano Antártico, en el de Bellingshausen, los zoárcidos son el grupo de peces dominante por debajo de 550 metros de profundidad.
Antes de confirmar el descubrimiento de una nueva especie, en concreto 'Gosztonyia antarctica', que pertenece a un grupo con gran distribución, el investigador realizó una revisión mundial de todos los artículos publicados hasta el momento.
La nueva especie pertenece a un género también nuevo, que presenta afinidades con varios géneros patagónicos, y su nombre, Gosztonyia, es un reconocimiento a Atila Esteban Gosztonyi, gran experto en la sistemática de zoárcidos que ha descrito varios géneros nuevos endémicos de la región Magallánica. El nombre específico, antarctica, alude al lugar de captura de la especie tipo: la Región Antártica.
Los ejemplares tipo miden entre 25,4 y 30 centímetros, son anguiliformes y su cráneo presenta numerosos caracteres anatómicos exclusivos suyos. Todos los ejemplares están preservados en alcohol de 70%. Desde la expedición del buque Bélgica, que obtuvo dos únicos ejemplares de peces en 1904, no se había vuelto a pescar en este mar, aunque su fauna sí se incluía, sin justificación alguna, en la Provincia Antártica Occidental.
Científicos franceses y estadounidenses han descubierto un cerebro de 300 millones de años en el cráneo fosilizado de un pez emparentado con tiburones y rayas. El hallazgo ha sido posible gracias a un novedoso avance tecnológico europeo llamado sincrotrón y perteneciente a la Planta Europea de Radiación mediante Sincrotrón (ESRF, por sus siglas en inglés).Es la primera vez que se hallan tejidos blandos en un cerebro fosilizado tan antiguo. Es muy difícil que los tejidos blandos se fosilicen, ya que no suelen mineralizar.
Una reconstrucción en 3D del cerebro, fosilizado y observado gracias a la técnica de la holotomografía por rayos X, muestra el cerebelo, la médula espinal, los lóbulos ópticos y los nervios, informan los investigadores en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. La única parte que los investigadores no han podido localizar es el cerebro anterior, quizás demasiado delgado para poder mineralizarse.
El cerebro supone uno de los casos excepcionales en los que un cráneo de un pez iniopterigio se conserva en tres dimensiones. Como es previsible, la mayoría de estos cráneos suelen estar aplastados por la presión de las rocas que los conservan. En este caso, los fósiles fueron encontrados en rocas de los estados norteamericanos de Oklahoma y Kansas, pertenecen a una especie hoy extinta que medía hasta 50 centímetros y estaba emparentada con los tiburones.
La mineralización del cerebro -requisito para su fosilización- ha sido debida a la presencia de bacterias que lo cubrieron poco antes de su desintegración.
Los científicos ya sabían que los iniopterigios tenían cerebro, pero este nuevo hallazgo arroja luz sobre la evolución del cerebro a lo largo de las principales transiciones de la evolución.
Este estudio muestra igualmente, que gracias a la utilización de técnicas de microtomografía, los detalles de la organización anatómica del sistema nervioso en cerebros fósiles será, a partir de ahora, potencialmente accesible al conocimiento.
Este descubrimiento abre nuevas perspectivas en la investigación sobre la evolución de los vertebrados antiguos y contribuye así a completar el puzzle de la reconstrucción del árbol de la vida.
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