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El ácaro rojo es el mayor depredador de la Antártida 0
28.2.09
Merodeando por entre las rocas de la Península Antártica, el depredador terrestre más agresivo del continente helado está al acecho, pero de presas microscópicas. Es un insecto rojizo, el ácaro Rhagidia.El continente es más conocido por sus pingüinos, focas y ballenas, pero todos estos dependen del mar para conseguir alimento, a diferencia de sus minúsculas criaturas terrestres y plantas, hasta ahora apenas afectadas por los humanos.
Los científicos están intensificando sus estudios de estas pequeñas criaturas en la Antártida en busca de posibles advertencias tempranas sobre cómo el cambio climático podría perturbar la vida del planeta en las próximas décadas.
Y el mayor animal terrestre de todo el continente, que abarca una superficie mayor a la de Estados Unidos, es un pequeño mosquito no volador de aproximadamente 0,5 cm. de largo. Esos minúsculos animales han encontrado formas de vivir todo el año en tierra y de cerrar sus cuerpos para sobrellevar el profundo frío invernal.
La simplicidad del ecosistema significa que el impacto de los nuevos riesgos, como el cambio climático, puede ser evaluado más fácilmente. Sólo existen dos depredadores (terrestres) a 800 kilómetros a la redonda. Esto hace que comprender el modo en que funciona el ecosistema sea mucho más fácil. Es muy difícil ver cómo el cambio climático afecta a un sistema ecológico natural, excepto en un lugar como éste.
La Península Antártica, debido a que el clima está calentándose tan rápidamente, es el único lugar de la superficie terrestre donde uno puede venir a ver los efectos sobre la ecología en forma pura. La península, que sobresale hacia el extremo sur de Sudamérica, es la parte del hemisferio sur que se ha calentado más rápidamente en los últimos 50 años, aparentemente debido a un aumento de la temperatura fomentado por el uso humano de combustibles fósiles.
Las temperaturas en la Península Antártica han aumentado 3 grados centígrados en los últimos cincuenta años, casi la diferencia en las temperaturas anuales promedio entre la ciudad de Niza al sur de Francia y París.
Efectos del cambio climático
Y puede que el ecosistema antártico ya esté cambiando, tanto con beneficios como con posibles trastornos. El calentamiento global les facilitará la vida a las criaturas pequeñas, casi sin duda.
Las temperaturas más cálidas ayudarían a las plantas a crecer, a volver más verdes algunas partes de la península y de este modo beneficiar a los animales que se alimentan de ellas. Pero además podría secar el clima, poniendo en riesgo la vida.
Y las temperaturas más altas podrían hacer que la Península Antártica esté más abierta a las especies, como las semillas, los insectos o esporas traídas sin saberlo por turistas o científicos en sus prendas, en el viento o adheridas a pájaros.
El Rhagidia caza colémbolos, un tipo primitivo de insecto que vive de la vegetación. Porciones poco densas de líquenes verdes, negros o naranjas cubren algunas piedras.
La Antártida además cuenta con dos plantas florales, algunos pequeños gusanos e innumerables microbios. Muchos animales de la Antártida tienen proteínas sanguíneas que funcionan como anti-congelantes naturales.
El futuro que describe no es un lecho de rosas: de acertar, es probable que nuestros nietos, en vez de veranear en Cancún o Marbella, deban ajustarse el cinturón en un campo de refugiados cerca de Punta Arenas o Helsinki. Sus predicciones (apocalípticas para algunos), y su apología de la energía nuclear, rechazada hasta hace poco, están encontrando favor en la opinión pública.
Las encuestas de la Comisión Europea, que solían reflejar una fuerte hostilidad popular contra la energía nuclear, muestran ahora un equilibrio: 44% a favor, 45% en contra, o sea un empate en términos estadísticos. Incluso en países donde la resistencia sigue siendo muy fuerte, como en España, donde sólo 24% de los encuestados son partidarios de la energía nuclear, la opinión está en aumento, en ese caso, hace tres años el porcentaje era de 16%.
Lovelock asegura que casi todas las propuestas actuales para contener o revertir el calentamiento global, como reducir la "huella de carbón", plantar árboles o multiplicar las granjas eólicas, son los equivalentes modernos de las indulgencias que la Iglesia solía vender a los ricos para salvar sus almas.
Sólo la energía nuclear, dice, puede satisfacer las necesidades de la humanidad, ya que otros combustibles fósiles y renovables no tendrán cabida en las condiciones ecológicas que prevalecerán en el futuro.
Demás está decir que Lovelock abomina de Greenpeace y la organización ecologista le devuelve el sentimiento. La trayectoria de Lovelock es impresionante. De origen muy humilde, estudió química, para la cual tenía tanta facilidad que algunos profesores lo acusaron de trampear en sus ejercicios prácticos... tan perfectos eran. Durante y después de la Segunda Guerra Mundial se destacó como inventor, ideando entre otras cosas aparatos "secretos" para los servicios británicos de inteligencia.
Hipótesis Gaia
En la década de los 60, trabajando para la NASA en la detección de vida en el Universo, concibió la metáfora de nuestro planeta como un organismo y lo bautizó Gaia, por la diosa griega de la Tierra, con lo que se convirtió en un héroe para los ecologistas y un renegado para los científicos.
Lovelock dice que el nombre de Gaia indujo a error a sus admiradores y también críticos, ya que para él era una metáfora, mientras que ellos lo interpretaron queriendo decir que la Tierra vivía como un ser humano.
La Hipótesis de Gaia ha ganado gradualmente el apoyo de la comunidad científica y también de otros intelectuales: el filósofo John Gray ha dicho que Lovelock es "el pensador científico más importante y original de nuestro tiempo". Otros disienten. El detractor más conocido es el biólogo Richard Dawkins, llamado el "profeta de los ateos", por su libro La Ilusión de Dios.
A grandes rasgos, la Hipótesis Gaia sugiere que la Tierra es una vasta unidad cuyos componentes (atmósfera, mares, seres vivos, volcanes, etc.) interactúan, manteniendo un equilibrio que durante miles de años (apenas un instante en la evolución del planeta) ha favorecido a la especie humana.
Cuando se habla de "salvar" a la Tierra, dice Lovelock, se está hablando en realidad de mantener ese equilibrio, ya que Gaia no necesita ser "salvada": simplemente alcanzará otro equilibrio, menos favorable para nosotros. Ese nuevo equilibrio ya llama a las puertas y no se le puede negar la entrada, dice ahora el científico.
Entre los numerosos argumentos para justificar su pronóstico, Lovelock dice que hasta ahora el calentamiento global ha sido apenas perceptible porque los océanos han estado absorbiendo gran parte del calor y del anhídrido carbónico, el principal de los gases de efecto invernadero.
Esa capacidad de absorción está a punto de agotarse, debido al derretimiento de los hielos en los polos y la creciente acidificación del mar. En el futuro cercano, sin los hielos que reflejan la luz solar y la pérdida de la capacidad del mar para absorber calor y anhídrido carbónico, el calentamiento se acelerará.
Ahora, ya convertido en el gran apologista de la energía nuclear, muchos ecologistas tildan a Lovelock de traidor a la causa, mientras que otros tantos científicos lo ven como un profeta, con el mensaje de que el futuro de la Tierra no nos pertenece, que deberemos renunciar a la vida tal como la concebimos ahora.
Lovelock no dice que Gaia agonice, sino que está alcanzando un nuevo equilibrio en su desarrollo. Esto es inevitable, entre otras cosas, porque ya somos demasiados, todos nosotros, seres humanos y animales; estamos generando demasiado anhídrido carbónico no sólo con nuestra respiración y nuestra digestión, sino con el procesamiento de nuestros alimentos, esparcimientos y viajes. Muchos rieron cuando Lovelock y otros científicos atribuyeron importancia a la flatulencia del ganado en el calentamiento global: ya lo toman en serio.
El nivel del mar subirá varios metros, debido al agua adicional de los hielos derretidos y su expansión por la mayor temperatura, acentuada por la absorción de los rayos solares, antes reflejados por la nieve y los hielos.
Uno de los dos grandes desafíos de los gobiernos, dice Lovelock, no consiste en revertir el calentamiento global (algo imposible), sino en preservar dentro de lo posible un hábitat viable en sus propios países. Para el científico, esta prioridad está indefectiblemente ligada al desarrollo de la energía nuclear.
El futuro de la humanidad, según esta hipótesis científica, estará en oasis habitables, en particular en zonas montañosas y cerca de los polos, como Canadá, Escandinavia y Alaska en el norte; Chile y Argentina en el sur.
Muchas islas en otras latitudes menos extremas, como Gran Bretaña, Japón, Nueva Zelanda, Tasmania, serán oasis gracias a los efectos moderadores del mar.
El otro gran desafío de los gobiernos, claro está, consistirá en tratar de resolver o contener los graves desórdenes sociales y políticos provocados por el ingreso de millones de refugiados provenientes de países menos afortunados.
Durante algún tiempo, las ideas de James Lovelock fueron descartadas por muchos ecologistas y científicos: lo consideraban un "excéntrico". Poco a poco, sin embargo, casi todas sus "excentricidades" han sido aceptadas como hipótesis válidas y ya forman parte del consenso general.
La prestigiosa Sociedad Geológica de Londres le otorgó hace poco su medalla Wollaston, y la Sociedad Ecológica Británica lo hizo miembro honorario, diciendo que sus estudios "unifican las ciencias de la Tierra y de la Vida".
El primer ejemplar de pez 'psicodélico' del que se tiene noticia yacía en los estantes de un museo desde hace 20 años. Mal catalogado y cogiendo polvo, nadie se dio cuenta de que era una nueva especie y lo incluyó como un ejemplar más de otras especies conocidas de la misma familia: los peces sapo.Ahora, sin embargo, los científicos acaban de elevarlo al rango de especie propia. Su nombre en latín es 'Histiophryne psychedelica' y su traducción al lenguaje vulgar es la de 'pez psicodélico', una forma de hacer honor a su extravagante aspecto.
La revista científica estadounidense 'Copeia' ha dado a conocer a 'Histiophryne psychedelica' como una nueva especie. Todo ocurrió a raíz del hallazgo de un ejemplar en Indonesia el año pasado por unos submarinistas. Los buceadores se encontraban frente a la isla de Ambon, en la zona oriental de Indonesia cuando contemplaron al extraño ser.
Le hicieron fotos y, ya en tierra firme, no fueron capaces de identificar la especie, por lo que enviaron las imágenes a un experto en peces-sapo de la Universidad de Washington. Éste lo ha clasificado ahora como una nueva especie. Lo curioso del caso es que otro ejemplar igual había sido entregado a una institución científica hace 20 años, sin que nadie se hubiera dado cuenta de su singularidad.
El pez psicodélico es de colores muy intensos, salta en el fondo del mar y es "de una belleza única entre sus iguales" según los taxónomos que lo han clasificado. Sus rayas azules y blancas emanan radialmente desde sus ojos, que están situados además de manera frontal, al estilo del hombre por ejemplo, y no lateralmente, como la mayoría de los peces. Esto le da un aspecto aún más sorprendente si cabe.
Tiene, además, una amplia cara plana y mejillas infladas. Los submarinistas que lo descubrieron afirman que su primera impresión fue la que de observaban "una pelota de goma inflada" que saltaba sobre el fondo del mar.
El cambio climático es aún más grave de lo que se creía, según las nuevas pruebas aportadas por la mayor investigación internacional de los últimos 50 años en las regiones polares, que son los auténticos barómetros del fenómeno del calentamiento de la Tierra.Durante dos años, entre marzo de 2007 y la actualidad, unos 10.000 científicos de más de 60 países llevaron a cabo el llamado Año Polar Internacional (API), una campaña de investigaciones científicas intensivas en el Ártico y la Antártida.
El impacto de la situación en los Polos se transmite a todo el planeta, y en estos dos años se ha constatado que el grado de calentamiento, de retroceso del hielo y de pérdida de masa, incluso en las capas profundas es mucho más importante de lo que se creía. Todavía quedan por analizar datos, pues hay proyectos y misiones que no han concluido, por ejemplo el buque (español) 'Hespérides' está todavía regresando.
Parece seguro que tanto el manto de hielo de Groenlandia como el de la Antártida están perdiendo masa y, en consecuencia, elevando el nivel del mar, y que el hielo de Groenlandia se está perdiendo cada vez más rápido.
Las conclusiones superan en gravedad incluso a algunos datos del Grupo Intergubernamental contra el Cambio Climático (GICC), galardonado con el Premio Nobel, que por ejemplo señalaba que frente al calentamiento general la Antártida oriental se estaba enfriando.
La elevación del nivel de los mares es una de las manifestaciones del cambio climático que más preocupan a los expertos, por las graves consecuencias que puede tener para algunos países e islas.
Por un lado, supondrá la entrada de agua salada en los acuíferos que se emplean para el consumo y el regadío, y fenómenos como los tsunamis tendrán efectos más devastadores.
Durante las investigaciones también se confirmó que la extensión del hielo marino perenne en el Ártico en verano se redujo en aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados, hasta alcanzar su dimensión más reducida desde que comenzaran los registros por satélite. Aunque el impacto del calentamiento en los polos es planetario, hay regiones más sensibles que otras a este fenómeno.
Así, la Península Ibérica se ha visto afectada por el calentamiento casi tres veces más que el conjunto del planeta en los últimos 50 años. Y zonas del sur de Argentina y Chile también se están calentando muy rápidamente.
Con los proyectos realizados se obtuvieron pruebas concluyentes de que se están produciendo cambios en el sistema hielo-océano-atmósfera del Ártico. Ese es un círculo vicioso que supone la mayor fusión del hielo, que lleva a un mayor calentamiento del agua, esto a una mayor fusión del permafrost, y de ahí a la liberación de metano, un gas que propicia el efecto invernadero.
Varios proyectos constataron que el océano Austral se ha calentado más rápidamente que otros océanos, y que las densas aguas profundas que se han formado cerca de la Antártida han perdido salinidad en algunos lugares y se han calentado en otros.
Durante las travesías internacionales de la Antártida, los científicos realizaron estudios en regiones donde ningún hombre había puesto el pie desde hacía 50 años. La campaña estuvo patrocinada por el Consejo Internacional para la Ciencia (CIUC) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
El mismo sondeo, difundido por el periódico londinense The Daily Telegraph, también señala que uno de cada tres británicos están convencidos de que Dios creó el mundo hace 10.000 años.
La encuesta, realizado por la prestigiosa empresa de sondeos ComRes, sin duda añadirá más leña al fuego del debate que sigue enfrentando a darwinistas y creacionistas, cuando hace apenas unos días que se ha celebrado el bicentenario de Darwin.
Hasta un 51% de los encuestados se mostró de acuerdo con la idea de que la evolución por sí sola no es suficiente para explicar la compleja estructura de algunos seres vivos, y por lo tanto la intervención de un diseñador es necesaria en momentos clave. Un 40% manifestó estar en desacuerdo con esta frase, y los demás dijeron que no sabían cómo responder.
Los resultados del sondeo muestran un sorprendente nivel de apoyo en el país de Darwin a la teoría del 'diseño inteligente' que ha promovido en los últimos años el movimiento creacionista en Estados Unidos.
Preguntados si era cierto que "Dios creó el mundo en algún momento durante los últimos 10.000 años", un 32% dijo estar de acuerdo, un 60% manifestó su disconformidad y un 8% afirmó que desconocía la respuesta.
La encuesta se ha dado a conocer en medio de una intensa polémica en el Reino Unido sobre la enseñanza del creacionismo en las escuelas británicas. Otro sondeo reciente ha revelado que uno de cada tres profesores británicos cree que las teorías creacionistas deberían enseñarse en las clases de ciencia, junto con la teoría del Big Bang.
El prestigioso biólogo Richard Dawkins, uno de los darwinistas más fervientes de la comunidad científica y autor del libro 'El Espejismo de Dios', considera que la encuesta refleja un preocupante nivel de ignorancia científica entre la población británica.
"Es evidente que la vida no es el resultado del azar", afirma Dawkins. "Pero el error es pensar que Dios es la única alternativa al azar, y está claro que Darwin no pensaba eso, porque demostró que existía una alternativa para explicar la evolución de la vida que no tenía nada que ver con la intervención divina: la selección natural".
Huellas como surcos en el fondo del mar, impresas por organismos unicelulares gigantes de las profundidades marinas, podrían conducir a nuevas perspectivas sobre el origen evolutivo de los animales.Han descubierto recientemente protistas del tamaño de una uva, y sus complicadas huellas en el fondo marino cerca de las Bahamas. Es la primera vez que se ha sabido que un organismo unicelular hace tales marcas, propias de un animal.
El hallazgo es importante, porque se han encontrado surcos fósiles similares procedentes de la era Precámbrica, tan temprano como hace 1.800 millones de años, que habían sido atribuidos a animales multicelulares de evolución temprana.
Si estos protistas gigantes hubieran estado vivos hace 600 millones de años, y sus rastros hubiesen quedado fosilizados, un paleontólogo que desenterrara hoy esos rastros, sin lugar a dudas los atribuiría a algún tipo de animal multicelular grande, bilateralmente simétrico. Ahora hay que reanalizar todo el registro fósil.
La mayoría de los animales, desde los seres humanos hasta los insectos, son bilateralmente simétricos, queriendo decir esto que pueden ser divididos en mitades que son aproximadamente reflejos opuestos.
Los animales bilaterales aparecieron en el registro fósil en el Cámbrico temprano, hace aproximadamente 542 millones de años, diversificándose rápidamente en todos los grupos de animales principales que hoy existen. Esta rápida diversificación, conocida como "Explosión Cámbrica" sigue siendo una de las preguntas sin respuesta más grandes sobre la evolución animal.
Existen pocos fósiles de organismos que puedan ser los antepasados precámbricos de los animales bilaterales, e incluso esos pocos encontrados son muy polémicos. Las huellas fósiles son las pruebas más aceptadas de la existencia de estos protoanimales.
Ahora, el nuevo descubrimiento demuestra que los protistas pueden dejar huellas de complejidad comparable y con un perfil muy similar. Con este hallazgo argumentan que las huellas fósiles no pueden ser usadas como única prueba de que se estaban desarrollando animales multicelulares durante el Precámbrico, en la preparación de lo que sería la explosión del Cámbrico.
Los investigadores no observaron a los protistas gigantes en acción, aunque suponen que probablemente se desplazan proyectando extensiones a modo de patas, llamadas seudópodos, hacia fuera de sus células, potencialmente en todas direcciones. El seudópodo entonces se afianza en el barro en una dirección, y el resto del organismo se arrastra hacia allá, dejando una pista.
Los sedimentos sobre el fondo marino en su ubicación particular son muy estables, y allí no hay corrientes de agua. Se trata pues de condiciones perfectas para la preservación de las huellas.
Una investigación en el marco del Año Polar Internacional (API) 2007-2008 aporta nuevas pruebas sobre la generalización de los efectos del calentamiento global en las regiones polares. La nieve y el hielo están disminuyendo en ambas regiones polares, lo que afecta tanto a la vida humana como a la vida animal y vegetal local del Ártico, y a la circulación oceánica y atmosférica mundial y al nivel del mar.
El API se puso en marcha en marzo de 2007 y comprende un período de dos años que abarca hasta marzo de 2009 para permitir que se puedan realizar observaciones en ambas regiones polares.
Queda claro que las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida están perdiendo masa, lo que contribuye a la elevación del nivel del mar. El calentamiento en la Antártida está mucho más generalizado de lo que se pensaba antes del API y resulta que en Groenlandia cada vez hay menos volumen de hielo. Los investigadores también descubrieron que en el Ártico, durante los veranos de 2007 y 2008, la extensión mínima del hielo marino durante todo el año disminuyó al nivel más bajo detectado nunca desde que empezaron a elaborar a registros satelitales hace 30 años.
En las expediciones realizadas en el marco del API se registró también un ritmo sin precedentes de la deriva de los hielos en el Ártico. Debido al calentamiento global, cambiaron los tipos y el alcance de la vegetación en el Ártico, lo que afectó a los animales de pastoreo y a la caza.
Otras pruebas del calentamiento del planeta son las obtenidas por los buques de investigación del API, que han confirmado que el nivel de calentamiento del océano Austral está por encima de lo normal. El enfriamiento de las corrientes de los fondos oceánicos cerca de la Antártida es coherente con el aumento del derretimiento del hielo de la Antártida y podría afectar a la circulación oceánica. Por consiguiente, el calentamiento global afecta a la Antártida de formas que antes no se conocían.
La investigación realizada en el marco del API también ha identificado grandes reservas de carbono almacenado como el metano en el permafrost (capa profunda del suelo permanentemente helada). El deshielo del permafrost amenaza con desestabilizar el metano -un gas de efecto invernadero- almacenado y enviarlo a la atmósfera. De hecho, los investigadores del API que se encontraban a lo largo de la costa de Siberia observaron emisiones sustanciales de metano procedentes de los sedimentos de los océanos.
Un total de 11.000 especies invasoras de microorganismos, plantas y animales habitan Europa en la actualidad. En concreto, España cuenta con 1.400 de estas especies no autóctonas.Estos son los datos revelados por el primer registro de especies invasoras de Europa, elaborado por un equipo internacional en el que ha participado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dentro del proyecto europeo DAISIE (Delivering Alien Invasive Species Inventories for Europe, cuya traducción es Inventario europeo de especies exóticas invasivas en expansión). Más del 10% de las especies invasoras resultan dañinas para los ecosistemas y/o la economía europea.
La principal aportación del inventario es que representa el punto de partida para cualquier investigación posterior sobre el tema, así como para los gestores en conservación y gestión de estas especies. El registro contiene fichas detalladas de 100 de las especies que generan mayores gastos y daños para la biodiversidad. Cada una de las fichas, elaboradas con un modelo estándar, contiene recomendaciones para la gestión de estas especies no oriundas, en muchos casos convertidas en verdaderas plagas, desde perspectivas biológicas, mecánicas y químicas.
Hasta el momento, de 11.000 especies, sólo se conoce el impacto ecológico de 1.094, cerca del 10% del total, y sólo ha sido documentado el impacto económico de 1.347 especies, el 13% de las registradas. El Mediterráneo es el área marina más perjudicada, con una superficie afectada de 2.500.000 kilómetros cuadrados y 1.313 de especies registradas. Las plantas y los invertebrados son los taxones con mayor número de especies invasoras que causan impactos en los ecosistemas.
En la última década, el coste de la gestión de las plantas en España ha sido de 50.487.637 euros. Las comunidades autónomas que más han financiado la lucha contra las especies de estas plantas exóticas han sido, en orden descendente, Andalucía, Extremadura, Canarias y Valencia. La Rioja, Castilla y León, Madrid, Melilla y Navarra no han invertido nada para combatir las especies foráneas.
Entre las 100 especies más dañinas se encuentran tres especialmente conocidas en España dentro de la fauna: el mosquito tigre ('Aedes albopictus'), el cangrejo rojo o americano ('Procambarus clarkii'), y el mejillón cebra ('Dreissena polymorpha'), entre otras. Sus regiones de origen son respectivamente el sureste de Asia y las islas del Océano Pacífico e Índico; el noroeste de México y el área centro y sur de Estados Unidos; y el Mar Caspio y el Río Ural, en el caso de los bivalvos.
En los últimos años el mosquito tigre, vector potencial de por lo menos 22 enfermedades, se ha convertido en un habitual problema de los servicios de salud catalanes. Los especialistas, además, han advertido de que es previsible su expansión al resto del país. El cangrejo rojo y el mejillón cebra se han convertido, tanto en España como en otras regiones, en importantes competidores por el alimento de las especies de mejillones y cangrejos locales.
En cuanto a las plantas invasoras, la uña de león ('Carpobrotus edulis'), y la acacia ('Acacia dealbata') son las especies más perseguidas del territorio español. Estas especies se introdujeron en los ecosistemas autóctonos mediante su uso ornamental en jardinería y restauraciones en obras públicas. Casi todas las especies invasoras han sido introducidas por la acción humana.
Según un estudio, en Europa los días de frío extremo disminuyen y los de calor extremo aumentan: de 0,5º a 1ºC en la temperatura mínima media, y de 0,5º a 2ºC en la temperatura máxima media.Los incrementos constantes de las temperaturas anuales en ciertas zonas implican cambios en el medio ambiente e incrementos significativos en la frecuencia de los valores que se consideran temperaturas extremas. Para llegar a esta afirmación, los científicos han trabajado con 135 estaciones con series diarias de temperaturas mínimas y 127 estaciones con series diarias de temperaturas máximas distribuidas en 34 países europeos.
El estudio considera las temperaturas desde 1 de enero de 1955 hasta el 31 de diciembre de 1998, y analiza el comportamiento de los días de temperaturas extremas en Europa. Todas las series de temperaturas han pasado por un proceso de homogeneización para eliminar posibles puntos de discontinuidad, y descartar cualquier factor que no sea meteorológico y climático.
Durante los 44 años de análisis, los investigadores han registrado los eventos de frío extremo (entre los meses de noviembre y marzo), y los de calor extremo (de junio a septiembre) donde han observado un ligero descenso en los eventos de días de frío extremo e incrementos en los eventos de días de calor extremo.
En el 65,2% de las estaciones que han medido las temperaturas mínimas, éstas han sido cada vez más altas, y en el 40% de las estaciones que miden las máximas, éstas han sido también más elevadas. Los observatorios donde se han detectado estas tendencias están en Europa occidental, incluidas las Islas Británicas e Islandia tanto para los días de frío extremo como los de calor extremo.
La disminución de los días de frío extremo se debe al aumento de la temperatura mínima media de 0,5º a 1ºC a lo largo del periodo de análisis, mientras que para los días de calor extremo, los incrementos son de 0,5º a 2ºC en la temperatura máxima media.
La disminución de los días de frío extremo y el incremento de los de calor extremo se explicarían por factores locales y globales, según los científicos. Algunos de ellos son la isla de calor que se produce en el interior de las ciudades, o el cambio de la circulación general de la atmósfera que determina directamente los eventos de temperatura extrema.
Relación con el cambio climático
Además de su relación directa con el cambio climático, las temperaturas extremas (mínimas y máximas) afectan, sobre todo, a la salud humana. La comunidad científica ha explicado en numerosas ocasiones que el impacto producido por las olas de calor es mucho mayor que el de las temperaturas mínimas.
Desde 1860 hasta ahora, la temperatura media del planeta se ha incrementado en 0,60ºC. Particularmente en la ola de calor de 2003, en gran parte de Europa, la temperatura media excedió en 3ºC en relación al valor normal de los veranos de 1961 a 1990 con aumentos más significativos en el centro de Francia, Suiza, norte de Italia y sur de Alemania.
Un ejemplo de los efectos de días de calor extremo que incrementarán su frecuencia es la ola de calor que asoló Europa en 2003. Ese verano se registraron récords de temperaturas máximas en las escalas mensuales, semanales y diarias. En concreto, en Suiza se llegaron a registrar 41,50ºC y en Portugal, 47,30ºC.
Los expertos advierten que el exceso de calor puede causar estrés, empeoramiento de las enfermedades e incluso la muerte, como en el verano de 2003, cuando más de 30.000 personas fallecieron en toda Europa por las altas temperaturas.
Hace 200 años, el 12 de febrero de 1809, nació Charles Darwin. Podemos debatir si los trabajos y teorías -y a la cabeza de éstas, la del origen de las especies mediante selección natural- de Darwin son más o menos importantes, pero lo que es difícil negar es que ninguna otra teoría logró lo que consiguió la de Darwin, que desencadenara una serie de procesos que afectaron a algo tan básico como nuestras ideas acerca de la relación que nos liga con otras formas de vida animal que existen o han existido en la Tierra. En este sentido, abordó cuestiones que van dirigidas a la médula de la condición humana.Darwin sustanció con muy variadas evidencias la idea (que otros antes que él habían propuesto) de que las especies evolucionan, encontrando además un mecanismo que hacía plausible tal evolución; defendió que la vida es como un árbol, de cuyas raíces han ido brotando diferentes ramas, esto es, especies que con el paso del tiempo continúan diversificándose, dando origen a otras bajo la presión de determinados condicionamientos.
Después de esforzarse por encajar en una gran síntesis las piezas (zoología, botánica, taxonomía, anatomía comparada, geología, paleontología, cría domestica de especies, biogeografía...) del gigantesco rompecabezas que es la naturaleza, y estimulado por la noticia de que Alfred Wallace había llegado a conclusiones similares, aunque no tan sustanciadas, en noviembre de 1859 -pronto hará, por consiguiente, 150 años- publicó un libro que forma parte del tesoro más precioso de que dispone la humanidad: El origen de las especies. Doce años más tarde, en otro gran libro (El origen del hombre), aplicó a los humanos las lecciones del primero, despojándonos del lugar privilegiado en la naturaleza que hasta entonces nos habíamos adjudicado.
A lo largo del siglo y medio que nos separa de la publicación de El origen de las especies, la esencia de su contenido no ha hecho sino recibir confirmación tras confirmación. Puede que aún resten cuestiones por dilucidar, pero el evolucionismo darwiniano nos suministra un marco conceptual y explicativo imprescindible para comprender el mundo natural de manera racional, sin recurrir a mitos.
La evolución entendida a la manera de Darwin es un hecho científico, contrastado de manera abrumadora, y su relevancia para situarnos en el mundo es obvia, pero no es universalmente aceptada. En Estados Unidos solamente la acepta el 40% de la población. En Europa su aceptación es mayor, especialmente entre los franceses y los escandinavos (creen en ella aproximadamente el 80%), aunque no deja de tener problemas: en una encuesta realizada en Reino Unido por la BBC en 2006, el 48% la aceptaba, mientras que el 39% optaba por alguna forma de creacionismo, y un 13% "no sabía".
La historia de la oposición de los creacionistas a Darwin ha sido comentada en numerosas ocasiones, sin embargo, continúa vigente, aunque ahora sea recurriendo sobre todo a una nueva terminología: el diseño inteligente, la idea de que un Dios debió de diseñar cada una de las especies que existen. Me interesa más hacer hincapié en el hecho de que una teoría científica contrastada y de enorme relevancia social sea rechazada o muy pobremente comprendida. En mi opinión, una explicación posible del tal rechazo reside en el desconocimiento.
No parece preocuparnos demasiado, por ejemplo, si se enseñan adecuadamente sistemas científicos tan básicos como la teoría de la evolución de las especies. Podrá resultar doloroso a algunos, pero la única explicación que da lugar a comprobaciones contrastables sobre el origen del mundo y de la vida procede de la física, de la química, de la geología y de la biología. La religión pertenece a otro ámbito.
Necesitamos educar en la ciencia a nuestros jóvenes. La ciencia es, simplemente, un instrumento -el mejor- que los humanos hemos inventado para librarnos de mitos, orientarnos ante el futuro y protegernos de una naturaleza que no nos favorece especialmente. Sucede, no obstante, que no se ha instalado de manera tan segura en nuestras sociedades como se podría pensar, siendo contemplada frecuentemente con sospecha. Por supuesto que existen científicos envanecidos, incluso tramposos, y también que se cometen errores, pero no olvidemos que en última instancia la ciencia no es sino capacidad de identificar y remediar equivocaciones, de buscar sistemas con capacidad predictiva.
Recordar y celebrar a Darwin es más que un acto festivo; constituye un homenaje a la ambición y el rigor intelectual, al poder de nuestra mente para comprender el mundo. Y también es un ejemplo de que la investigación científica no tiene por qué ser ajena a atributos humanos como son el amor a la familia, la decencia, la discreción o el ansia de justicia. La biografía de Charles Darwin -un hombre que llevó a cabo un largo y complejo camino, que le llevó a consecuencias que no había previsto y que le obligaron a desprenderse, en un doloroso proceso, de las creencias religiosas en que había sido educado- está repleta de todo esto.
Una parte importante de los gases de efecto invernadero han ido siendo absorbidos por los océanos. Sin embargo, la acidez de estas masas de agua está aumentando a una velocidad tan impresionante que amenaza seriamente la supervivencia de los arrecifes de coral, de los crustáceos y de la cadena alimentaria marina en general.Los expertos advierten de que los severos daños son inminentes. En un informe, se indica que el aumento de la acidez está interfiriendo en el crecimiento y la salud del marisco y corroyendo los arrecifes de coral, procesos que pueden afectar a la cadena alimentaria marina en general. Así, se ha detectado ya una disminución en el peso de los mariscos y una interferencia en el crecimiento de la estructura del coral.
Ya no existen dudas de que este proceso de aumento de la acidez de los océanos es el principal problema. Nadie se ha centrado hasta ahora en ello porque todos estamos demasiado preocupados en el calentamiento.
Los océanos absorben cerca de la cuarta parte de las emisiones de CO2 que se generan. A medida que este gas se disuelve en el agua se produce lo que se conoce como ácido carbónico. Desde el siglo XVII, se estima que la acidez en la superficie del agua se ha incrementado un 30%. El aumento de la acidez de los océanos puede provocar que muchas regiones se vuelvan químicamente inhabitables para los arrecifes de coral en 2050, apunta el informe de estos científicos, que creen que este problema sólo se podría controlar limitando los futuros niveles de estos gases.
España cuenta en la actualidad con más de 5.000 kilómetros cuadrados de superficie marina bajo protección, pero sería necesario aumentar esta cifra hasta los 100.000 kilómetros cuadrados si España quiere alcanzar el objetivo de Naciones Unidas de que en 2012 el 10% de la superficie marina esté protegida. Es lo que asegura el informe Propuesta de áreas marinas de importancia ecológica: Atlántico Sur y Mediterráneo español de la organización internacional Oceana y la Fundación Biodiversidad.El documento subraya que España necesitaría ir a un ritmo de protección de casi 65 kilómetros cuadrados al día para pasar en sólo tres años del 0,5% de conservación actual al 10% fijado por la ONU.
Para la consecución de este objetivo, los autores del informe proponen proteger 25 nuevas áreas de alto valor ecológico. Entre ellas figuran zonas sin conservación alguna como el seco de los Olivos (Andalucía), las montañas submarinas del canal de Mallorca (Baleares), los cañones de Palamós y Creus (Cataluña), el seco de Palos (frente a Murcia) y el cabo de la Nao (Comunidad Valenciana). También piden ampliar zonas ya protegidas como Columbretes, Alborán o Doñana.
No sólo es necesaria la creación de nuevas áreas protegidas, sino también la ampliación de muchas de las existentes. Casi la mitad de los espacios marinos protegidos en España apenas alcanzan el kilómetro cuadrado de superficie, lo que los hace poco eficientes para la conservación de determinados hábitats y especies.
El Gobierno, a través de la Fundación Biodiversidad, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, ha puesto en marcha el proyecto LIFE+ INDEMARES, que cuenta con financiación de la UE, para estudiar áreas susceptibles de ser protegidas.
Para la realización del estudio se filmaron profundidades de 300 metros con la ayuda de un robot submarino y un equipo profesional de cámaras y fotógrafos, lo que ha permitido descubrir especies desconocidas hasta la fecha, según Oceana. Han podido identificar y estudiar jardines de gorgonias, campos de esponjas, bosques de algas, prados mixtos de fanerógamas, etcétera, así como descubrir esponjas carnívoras sobre dos montañas marinas.
Un grupo de investigadores de las Universidades de Yale y Bonn han descubierto un organismo de 390 millones de años de antigüedad que supone una pieza fundamental para explicar la evolución de los animales con una estructura con forma de uña frontal llamada gran apéndice, como el escorpión o el cangrejo de las molucas o cangrejo cacerola. Hasta ahora se pensaba que este tipo de artrópodos no habían sobrevivido al Cámbrico Medio (hace entre 540 y 480 millones de años). El nuevo trabajo documenta que el rango de vida de estos organismos fue, al menos, 100 millones de años mayor.
Según los investigadores el espécimen, llamado 'Schinderhannes bartelsi', supone un eslabón perdido entre un depredador gigante del Cámbrico llamado 'Anomalocaris' y los artrópodos modernos. Tiene la cabeza como la del Anomalocaris y el cuerpo semejante a los artrópodos actuales, este fósil es el único ejemplo conocido de esta inusual criatura.
Han buceado en los orígenes del par de apéndices que tienen los escorpiones actuales y han encontrado que el 'Schinderhannes' da una nueva pista. Estas estructuras son equivalentes a las que ya tenía el citado 'Anomalocaris' hace más de 500 millones de años. Lo que refuta la creencia científica de que los animales con estas estructuras se extinguieron e el Cámbrico Medio.
Por desgracia la mina de la que se han obtenido estos fabulosos organismos fósiles ha cerrado por razones económicas, de manera que los únicos ejemplares que van a aparecer a partir de ahora son aquellos que ya están en manos de los coleccionistas.
Que las esponjas son organismos primitivos ha quedado muy claro al identificar sus esteroides como la primera evidencia fósil de vida animal en la Tierra, hace 635 millones de años. Las esponjas abundan en todos los mares del mundo y muchos ríos y lagos. La mayor parte de las especies pasa generalmente inadvertida y los científicos tampoco les han prestado excesiva atención. Es por ello que se estima que las 8.000 especies descritas hasta la fecha representan sólo la mitad del total que existe.
A pesar de este histórico abandono, las esponjas están proporcionando información crucial como la citada para entender el origen y la evolución de los animales. Se están revelando también como piezas clave en el funcionamiento de algunos ecosistemas marinos y son, además, objeto de creciente interés industrial debido a sus potenciales aplicaciones en biotecnología.
El asunto es más serio de lo que parece a primera vista, ya que las esponjas son los animales más primitivos que existen y, por tanto, fueron ellos los que inventaron el sistema de espermatozoides y óvulos que el resto de los animales modernos (incluyendo humanos) empleamos para reproducirnos.
Se sabe que las variaciones estacionales de temperatura actúan como estímulo de la reproducción en numerosas esponjas. Por efecto de la acción humana, los parámetros ambientales naturales se están modificando relativamente rápido en el mar y debemos de esforzarnos en entender cómo éstos podrían afectar a los organismos que allí habitan.
Hace unos años se descubrió la importante implicación de las esponjas marinas en el ciclo biogeoquímico del silicio. El silicio disuelto en agua de mar es un elemento extraordinariamente importante desde el punto de vista ecológico. Es empleado por las algas diatomeas (unos organismos microscópicos que viven en el agua marina) para fabricar su esqueleto y poder crecer. Las diatomeas son la base que sustenta la mayor parte de las cadenas alimentarias del océano. Algunas esponjas marinas también capturan silicio del agua para construir sus piezas esqueléticas. En realidad, el registro fósil indica que las esponjas comenzaron a elaborar esqueletos de silicio hace más de 500 millones de años, mientras que las diatomeas son organismos modernos que se expandieron hace sólo unos 60 millones de años.
Este año coinciden dos aniversarios alrededor del naturalista inglés Charles Robert Darwin: su nacimiento un 12 de febrero de hace 200 años y la publicación, hace 150, del libro El origen de las especies. España ha querido sumarse con diversas iniciativas a los numerosos actos conmemorativos en todo el mundo con motivo del doble aniversario, que demuestran que el darwinismo no está precisamente en crisis. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha lanzado una página web divulgativa -www.darwin2009.csic.es- para repasar la vida y obra del célebre científico.El nuevo portal consta de doce apartados en los que se cuenta, entre otras cuestiones, quién era Darwin y cuáles fueron sus teorías y proyectos de investigación. Además, otros de los objetivos de la web es dar a conocer las celebraciones del año de Darwin y visibilizar las investigaciones del CSIC alrededor del naturalista y de su Teoría de la Evolución.
Darwin no fue el primer evolucionista, pero sí el primero en proponer un mecanismo plausible que podía hacer funcionar el cambio evolutivo. Para Darwin, todos los seres vivos tienen una ascendencia común y tanto la diversificación de especies como sus adaptaciones son el resultado de la acción de la selección natural; es decir, los efectos ambientales favorecen algunas variantes en las poblaciones de organismos. Según ha demostrado la genética, las propiedades relacionadas con la eficacia en la utilización de recursos se heredan de padres a hijos, por lo que los cambios en las propiedades de los organismos acumuladas a lo largo de muchísimas generaciones producirán el cambio evolutivo. Darwin proponía algo inaudito en su época, que los seres vivos, también los humanos, se habían modificado a lo largo de millones de años por un proceso material sin fin ni objetivo alguno.
La ecología evolutiva ha detectado la actuación "incesante" de la selección natural en la naturaleza, quien diga que la propuesta de Darwin no se ha confirmado científicamente, no se ha documentado lo suficiente. Sin embargo, no se ha librado de numerosas y feroces críticas.
Las críticas contra la selección natural proceden básicamente del fundamentalismo cristiano y de los sectores más conservadores del catolicismo. Entre 1936 y 1947 se alcanzó un consenso entre los biólogos norteamericanos sobre la teoría sintética de la evolución que recuperó el paradigma darwinista. En España, durante la posguerra se truncó su asimilación y es en los 60 cuando los biólogos españoles la empezaron a asumir lentamente.
Darwin, casado con su prima Emma Wedgwood, de profundas creencias religiosas y a la que nunca intentó convencer, fue una persona con una enorme curiosidad, metódica y prudente, científicamente ha habido pocos hombres como él en la historia de la Humanidad.
De sus libros -estos días proliferan en las librerías- y de sus detractores se va a hablar en los numerosos actos que se van a organizar en 2009 en distintas ciudades españolas. Madrid va a acoger, al menos, dos exposiciones, una organizada por Cosmo Caixa -¡Viva la diferencia!- y otra por el CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Asimismo, habrá jornadas dedicadas al naturalista y conferencias. Y en Internet, www.darwin2009.csic.es.
Para los microbios, la evolución a gran escala se había completado hace ya unos 2.500 millones de años, según un estudio publicado por la revista Science. Aparentemente, la mayor parte de la evolución de los microbios ocurrió antes de que tengamos registro de ello, muy temprano en la penumbra de la prehistoria.Todos los organismos vivos conocidos necesitan nitrógeno, un componente básico de los aminoácidos y las proteínas. Pero para que ese nitrógeno, que está en la atmósfera, sustente la vida debe "fijarse" o convertirse a una forma con uso biológico. Algunos microbios convierten el nitrógeno de la atmósfera en amoniaco que otros organismos pueden absorber fácilmente.
La investigación muestra que hace unos 2.500 millones de años evolucionaron algunos microbios que podrían llevar el proceso un paso más adelante, agregando oxígeno al amoniaco para la producción de nitrato, que también pueden usar los organismos vivos.
Eso fue el comienzo de lo que hoy se conoce como el ciclo aeróbico del nitrógeno, del que depende la vida en la Tierra. Los microbios que lograron esa hazaña se encuentran en las ramas terminales de los dominios de bacteria y archaea en el llamado "árbol de la vida", y son los únicos microbios capaces de agregar oxígeno al amoniaco.
Los archaea son microbios unicelulares que, junto con las bacterias, constituyen una categoría de pequeños organismos cuyo material genético no se encuentra en un núcleo definido como el que se encuentra en las plantas o animales.
En el pasado los archaea se consideraban como un grupo raro de bacterias, pero dado que tienen una historia de evolución independiente y su bioquímica es muy diferente de la de otras formas de vida, ahora se les clasifica como un dominio. Dentro de ese sistema de clasificación, las tres ramas principales de descendencia evolutiva son Archaea, Eucariota y Bacteria.
El hecho de que se encuentren en esas ramas terminales indica que la evolución a gran escala de bacterias y archaea se completó hace unos 2.500 millones de años. Desde entonces han evolucionado innumerables especies de bacteria y archaea, pero las ramas mayores se han mantenido.
Los investigadores examinaron materiales obtenidos de un hoyo perforado a 800 metros de profundidad en la región de Pilbara del noroeste de Australia. De las muestras estudiaron específicamente una sección de esquisto de 90 a 200 metros de profundidad depositada hace 2.500 millones de años, y allí encontraron trazas de isótopos que señalan el proceso de denitrificación, esto es la separación de oxígeno del nitrato.
Si ocurría entonces la denitrificación es porque, obviamente, debe haber ocurrido primero la nitrificación, esto es la adición de oxígeno al amoniaco para formar nitrato. El hallazgo es la prueba sólida más temprana que se ha obtenido hasta ahora del comienzo del ciclo aeróbico del nitrógeno.
Incremento de la temperatura (1ºC en el último siglo), aumento del nivel del mar (dos o tres milímetros al año desde 1980) por efecto del deshielo y alteraciones en el patrón pluvial (más lluvias en algunas zonas y más sequía en otras). Son los síntomas de los fenómenos extremos que configuran la nueva identidad del clima en el Caribe y América del Sur, de acuerdo con el último informe del Banco Mundial (BM). Sin titubeos, la entidad multilateral de crédito ha advertido que si no se actúa para mitigar los efectos y detener el cambio climático, Latinoamérica será más pobre e improductiva. Y padecerá el mal de los males: la falta de agua potable.En el inventario de los daños naturales irreversibles en la región varios de los glaciares más pequeños -de una extensión menor a un kilómetro cuadrado- han perdido una superficie significativa. La desaparición prevista de los glaciares tropicales de los Andes tendrá consecuencias económicas para la disponibilidad de agua y de energía hidroeléctrica. A este ritmo de calentamiento, ese pronóstico se cumplirá en el año 2020.
La lista de los perjuicios verificados como consecuencia del cambio climático incluye desde el blanqueamiento de los arrecifes de coral caribeños (este fenómeno, producido por el aumento de la temperatura del mar, afecta al 65% de las especies de peces de la región) hasta la "dramática extinción" del bosque pluvial del Amazonas, proceso que transformará en sabanas a grandes extensiones verdes. Los huracanes se han vuelto más intensos apoyándose en la estadística: el número y la frecuencia ha crecido sin parar desde 1995, después de cuatro décadas de relativa tranquilidad. El hito histórico ocurrió en 2005, cuando 14 huracanes avanzaron sobre el Atlántico Norte.
Las viejas enfermedades
El cambio climático en Latinoamérica será sinónimo de cambio en los tiempos de reproducción y de distribución de las especies. A esta velocidad de modificación del clima, la productividad agrícola de Sudamérica -cuya economía depende de los cultivos- caerá entre un 12% y un 50% en el siglo XXII, y enfermedades antiguas como el dengue y la malaria se trasladarán a nuevos lugares. Lejos de erradicarse, el dengue crecerá un 21% hacia 2050 y hasta un 64% hacia 2100.
Las calamidades que enfrenta Latinooamérica como consecuencia del cambio climático no guardan relación con el pequeño porcentaje de dióxido de carbono con el que contribuye al deterioro del medioambiente. Sudamérica y el Caribe son responsables sólo del 12% de las emisiones globales. Brasil ha dado pasos decisivos en la senda de las energías alternativas como la hidroelectricidad, el etanol y el biodiesel.
Pero el gran cambio que debe emprender Latinoamérica para contener el cambio climático requiere una inversión sincronizada en infraestructura para almacenamiento de agua, alcantarillado, control de inundaciones y sistemas de salud pública. El gran cambio no ocurrirá sin el aporte económico de los países desarrollados.
La Astrobiología es una nueva ciencia que surge de la necesidad de investigar el origen, presencia e influencia de la vida en el Universo. Y para ello incluye la perspectiva de diversas disciplinas y especialistas, con un objetivo común, entender qué es la vida, más allá de lo que ya conocemos.Hace cerca de diez años, la NASA fundó el Nasa Astrobiology Institute con el objeto de reagrupar una serie de investigaciones en una misma dirección, examinar la conexión entre la vida y el cosmos. Y así poder crear un esquema o modelo que interprete la vida sin caer en el reduccionismo de contemplar, únicamente, el origen de la biodiversidad en el planeta.
Algunos enigmas que se plantea esta ciencia son: ¿Qué es la vida? ¿Cómo surgió en la Tierra? ¿Cómo evoluciona y se desarrolla? ¿Hay vida en otros lugares del Universo? ¿Cuál es el futuro?, etcétera. Para ello la Astrobiología incluye otras ramas como Geología, Química, Matemáticas, Astrofísica o Informática, entre otras.
España también cuenta con un Centro de Astrobiología (CAB), desarrollado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, fundado en el 2003 y ubicado en Torrejón de Ardoz (Madrid). Este espacio se encuentra conectado al Instituto de la NASA en sus investigaciones.
Desde este centro se desarrollan múltiples estudios encaminados a observar la vida desde distintas formas. Una de ellas se centra en la extremofilia, esto es, cuando la vida es posible en circunstancias extremas. Dicho grupo estudia la biodiversidad tan especial y característica que se da en Río Tinto, un entorno ecológico único en España y muy poco habitual en el mundo.
Este cauce está muy cargado con los metales pesados propios de la zona y con la biodiversidad y la biología química abundantes en sus aguas, además, se trata de un río especialmente ácido, lo que propicia que se dé en él una biodiversidad muy especial.
Estudiar los organismos que viven en Río Tinto es una forma de acercarse a los límites de la vida y de saber en qué tipo de entornos ésta es posible. Aunque lo más destacable es que las características físico-químicas de este ecosistema tienen algunas semejanzas con las condiciones que se dan en la superficie de Marte. Así, esta investigación cumple, especialmente, el objetivo de entender qué tipo de vida sería posible en el Planeta Rojo.
Por otro lado, el centro de Astrobiología desarrolla máquinas de cálculo cooperativo para simular la formación de sistemas planetarios u otros fenómenos astronómicos, que permiten seguir el plegamiento de una proteína o la formación de una atmósfera planetaria. Esta tecnología permite simular las condiciones que se dan, por ejemplo, en Marte o sobre la superficie lunar.
Y es que, otro de los campos de estudio de esta reciente rama científica es la química que hay en el Universo, esto es, las moléculas orgánicas y las grandes cadenas de carbono que se originan en el polvo y el gas estelar, como resultado de las radiaciones energéticas.
Para esta labor, el centro cuenta con diversos laboratorios, como el de Geología Planetaria, en el que se estudian los efectos de meteoritos o luz ultravioleta en las superficies planetarias, a la vez se investigan procesos que pueden tener lugar en la superficie o en el interior de cuerpos planetarios, como Europa o Marte.
El de Evolución Molecular, un laboratorio en el que se observan los procesos bioquímicos que pueden haber estado involucrados en los momentos más tempranos de la vida. Esto incluye la evolución de ARN in vitro y la de cuasiespecies víricas. O el laboratorio de Robótica y Exploración Planetaria, entre otros, donde se diseñan robots, sistemas de comunicaciones e instrumentos que permiten la exploración en búsqueda de vida en los lugares más remotos.
El descubrimiento de cientos de planetas en torno a estrellas remotas de nuestra galaxia sugiere que la mayoría de los sistemas solares tienen un mundo como el nuestro, capaz de sostener la vida, y que muchos de ellos probablemente la hayan visto evolucionar.
Se espera que la nave espacial Kepler, de la Nasa, que será lanzada el mes que viene para buscar mundos parecidos a la tierra, encuentre miles de planetas rocosos en la porción de cielo que investigue.
Estamos a punto de averiguar de forma convincente con qué frecuencia aparecen planetas habitables en el Universo. Hace poco más de 20 años, no sabíamos de la existencia de ningún otro sistema planetario aparte del nuestro. Ahora conocemos bastantes más de 300. Sospecho que casi todas las estrellas que vemos cuando miramos el cielo nocturno tienen a su alrededor un planeta como la Tierra.
La mayoría de esos exoplanetas son gigantes gaseosos como Júpiter, pero entre ellos también hay algunas 'supertierras', unas pocas veces más grandes que nuestro planeta. Aunque los mundos más pequeños, como el nuestro, son invisibles a los telescopios actuales, Kepler será capaz de encontrarlos.
El pronóstico es que el 85% de las estrellas similares al Sol tendrían un planeta como la Tierra, y que algunas de ellas podrían tener muchas más. Teniendo en cuenta que hay 100.000 millones de estrellas como el Sol en nuestra galaxia, y 100.000 millones de galaxias en el Universo, puede haber 10.000 trillones de planetas que son buenos candidatos para albergar vida. Esa cifra se escribe con un uno seguido de 22 ceros.
Con un mundo habitable girando 5.000 ó 10.000 millones de años alrededor de una estrella, es inevitable que se forme alguna forma de vida. Si tienes un planeta con la temperatura correcta y agua a lo largo de miles de millones de años, estás destinado a lograr la vida. Los planetas se ven regularmente bombardeados por los cometas que acarrean los ladrillos orgánicos de la vida.
Es probable que algunos planetas hayan producido organismos y civilizaciones inteligentes, aunque nuestras posibilidades de localizar uno sean muy remotas. Puede que no los hayamos encontrado todavía porque no hemos mirado la galaxia durante suficiente tiempo y con el necesario rigor, o puede que haya civilizaciones que se formaran y duraran 100.000 años, pero quizá se desarrollaran hace 100 millones de años, con lo que ya no estaríamos sincronizados.
Lo más probable es que la mayoría de las 'supertierras' alberguen formas de vida parecidas a lo que existía en la Tierra hace unos 4.000 millones de años. Es decir, bacterias que no tienen nada que ver con el 'E.T.' del cine.
Un equipo de científicos de la Universidad de California en Berkeley ha descubierto que conocer los antecedentes climáticos de una región ayuda a los especialistas en conservación a encontrar nuevas especies. El estudio, publicado en 'Science' y basado en la historia climática de la selva Atlántica de Brasil para detectar posibles núcleos de diversidad genética, de momento sólo ha dado resultados con ranas al identificar regiones con especies de larga descendencia biológica.
En este sentido, este teoría podría servir para establecer "nuevas prioridades" para la conservación en regiones que contienen especies interesantes de plantas y animales. "Con este método podemos identificar regiones que han servido como refugios para la biodiversidad", explicó la jefe de la investigación, Ana Carolina Carnaval, al tiempo que precisó que se trata de espacios que han mantenido una estabilidad climática a través del tiempo, y donde las comunidades regionales han logrado persistir.
"A pesar de que aún no hemos logrado hacer un muestreo exhaustivo, pensamos que hay una gran cantidad de diversidad oculta, no documentada, y el potencial de encontrar muchas especies desconocidas para la ciencia", dijo Carnaval.
En la actualidad tan sólo persiste el 10% de la selva Atlántica, que hace años se extendía a lo largo de la costa brasileña y llegaba hasta Paraguay y el norte de Argentina, y lo que queda está fragmentado en pequeños bosques sobre colinas.
No obstante, está considerada como una 'Reserva de la Biosfera Mundial' por las riquezas ecológicas que alberga. En este sentido, el equipo de Carnaval empleó modelos climáticos para demostrar que la zona central de la selva había sufrido menos variación de clima en los últimos 20.000 años que la más explorada región del sur.
Así, puntualiza que su hipótesis consiste en que las especies pueden haber sobrevivido libres de fluctuaciones climáticas, mientras que en otras partes de la selva su existencia hubiera sido más transitoria. Para comprobarlo, tomó el ADN de tres especies de ranas que se encuentran a lo largo y ancho de la región y encontraron que aquellas que ocupan la parte central de la selva tenían mayor diversidad genética, indicando que esas poblaciones habían permanecido más estables durante los milenios.
Si la hipótesis se pudiera aplicar de manera general afirman que sería útil para señalar zonas que podrían ser objeto de investigación. "Creemos que esta técnica puede ser aplicada a otros países y otros núcleos para identificar regiones de las que no se tienen muestras todavía y que podrían contener diversidades aún desconocidas", concluyó la experta.
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